Oscar Wilde
Wilde nació en Dublín en 1854. Fue un estudiante excelente, y destacó sobre todo en el campo de las humanidades. Muy pronto, se labró una fama de buen ensayista y poeta en los círculos literarios de Londres. Se distinguía por su elegancia, así como por sus costumbristas y refinadas vestimentas. Fue, sin ningún tipo de dudas, un auténtico dandi.
En 1881 publicó Poemas, un libro muy influido por autores como Keats y Rossetti. Poco después iniciaría una gira por Estados Unidos en las que iba a dar diversas conferencias. Concluida, regresó a París para conocer a los grandes autores franceses de la época. En 1884 se casó y tuvo un par de hijos, a los que dedicó unos cuentos de hadas que publicó poco después. A principios de la década de 1890, Wilde se encontraba en la verdadera cúspide de una carrera que presentaba un futuro aún más prometedor.
En este momento feliz escribió El retrato de Dorian Gray, su única novela y sin embargo una de sus mayores obras maestras. Su repercusión en toda Europa fue enorme, convirtiéndose en un clásico con una rapidez inconcebible. Pero fue entonces cuando las cosas se le empezaron a torcer: Wilde conoció a lord Alfred Douglas, de quien se encaprichó, y que sería el origen de toda su perdición.
En 1895 se estrenaba su obra maestra teatral, La importancia de llamarse Ernesto. Su búsqueda de nuevas experiencias y sensaciones chocaba frontalmente con la moralidad imperante, y tras mucho luchar con ella, perdió la partida. Empezó a derrochar dinero y tiempo en viajes, siempre con Douglas de la mano, pero el padre de éste se puso como único objetivo el descrédito de Wilde. Le acusó de somodmía y de corromper a su querido hijo, que fue pronto absuelto. Wilde, sin embargo, fue condenado a dos años de trabajos forzados por mantener relaciones homosexuales. Durante su estancia en la cárcel, lo declararon insolvente, y cuando fue puesto en libertad se fue a vivir primero a Francia y después a Italia. En ese tiempo, y hasta su muerte en 1900, sólo publicó un poema más, La balada de la cárcel de Reading.
El trágico final de Wilde fue uno de los estertores de la moribunda moral victoriana, que sin embargo no pudo evitar que la obra cumbre del genial autor, La importancia de llamarse Ernesto, se convirtiera en pocos años en un auténtico clásico de la literatura. Más allá de la trama, levemente convencional, el verdadero y genuino valor de esta comedia radica en el humor de sus diálogos y en los ingeniosos juegos de palabras, que la convierten en un continuo desafío intelectual que no deja de sorprender.
Artículo siguiente >> |
- No related posts

Pablo el 16 de Julio de 2007














11 de Noviembre de 2008 a las 4:37 am
re dio,encontre la tarea.