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Emilio Prados

Publicado por Aroa Plaza

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Hoy, en La Guía 2000, revisamos la obra del escritor Emilio Prados, poeta perteneciente a la conocida Generación del 27. Nació en Málaga en el año 1889, pero tras su infancia se trasladaría a Madrid para vivir del año 1914 al año 1923 en la Residencia de Estudiantes, lugar en el que entre en contacto con otros artistas y escritores y donde conocerá al escritor Federico García Lorca, a quien considera su alma gemela por poseer un carácter muy similar al suyo. Debido al gran derroche de talento existente entre los miembros de su generación, la obra este autor pasó bastante desapercibida. Su conciencia de grupo fue casi inexistente, llegando a realizar gestos que dejaban bastante clara su postura al respecto como eliminarse de la foto ante la Residencia de Estudiantes raspándola o negándose a formar parte de la Antología del escritor Gerardo Diego.

Entre los años 1926 y 1929, Emilio Prados fue editor de la revista más importante de esta generación, la llamada Litoral, que fue codirigida por José María Hinojosa y Manuel Altolaguirre. La vanguardia está presente en su obra como estímulo para la expresividad, será un comprometido revolucionario y, más tarde, volverá su mirada hacia la filosofía alemana del Romanticismo. Junto con autores como Alberti o Miguel Hernández, Emilio Prados será uno de los escritores con mayor compromiso hacia el comunismo. En el año 1939 se exilia a México, donde pasará el resto de su vida hasta su muerte en el año 1962, y allí se dedica a transmitir la cultura española. Su lucha política, que fue intensa, la llevó a cabo fundamentalmente entre los años 1927 y 1936; dejando sin publicar algunos libros que ya tenía por entonces para dedicarse a esa labor. A partir del año 1930, es ya claramente un autor comprometido y emplea el romance en su poesía por su carácter popular.

Podemos dividir la trayectoria poética del autor en tres fases:

-Primera fase: antes del año 1936.

En un primer momento, las canciones tradicionales son su primera fuente de inspiración y escribe un tipo de poesía popularista. De ahí, evolucionará hacia una poesía más pura bajo la influencia de Juan Ramón Jiménez, Góngora o Machado. Escribe, entonces, Tiempo, en el año 1925; Canciones del farero, en 1926, y Vuelta, un año más tarde. En estos libros, Prados, fijará su mirada, fundamentalmente en la naturaleza y el hombre será un mero espectador. De 1932 a 1935, pasa por una etapa surrealista.

– Segunda fase: a partir de 1933.

Entre los años 1933 y 1934, comienza la etapa del realismo comprometido. Su obra se halla en consonancia con su sus ideas revolucionarias y comunistas. De esos años es la composición de su obra El calendario incompleto del pan y del pescado, que comienza con el espectro de un niño fallecido en el mar, sobre el que se hallan la hoz y el martillo como armas que servirán para la búsqueda de la justicia a través de la venganza. La pobreza, el hambre, la culpa, la explotación, etc. son los temas que recorren el libro. En plena guerra salen a la luz los libros Llanto subterráneo y Llanto en la sangre, y, junto a Rodríguez Moñino, edita Romancero general de la guerra en España.

– Tercera fase: en el exilo mexicano.

En esta etapa acumula un gran número de títulos, aunque muchos de ellos serán publicados ya tras su muerte en el volumen Poesías completas, del año 1975. Algunas de ellos son Mínima muerte, Jardín cerrado, Río natural o Signos del ser. Ahora, Emilio Prados se presenta como un poeta metafísico al que le interesan las cuestiones relacionadas con la muerte, la soledad, el amor, la memoria o la identidad.