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La lengua como sistema de signos
Pablo el 31 de Julio de 2007 a las 07:07 am
La más trascendental aportación de Saussure –dejando a un lado la distinción tripartida entre “lenguaje, lengua y habla”, así como la distinción procedimental entre “sincronía y diacronía”- fue su concepción del lenguaje como un sistema de signos, concepción que dio lugar a la aparición del estructuralismo lingüístico contemporáneo.
Entendemos por sistema un “conjunto de cosas que dependen unas de otras”, simplemente. La concepción tradicional del lenguaje era atomista, y pensaba que el número de signos del lenguaje estaba indefinidamente abierto: podían aparecer unos y desaparecer otros, sin que eso afectara a la lengua como tal. A lo sumo, y porque los mismos hechos imponían la evidencia, se describían como pequeños subsistemas las formas verbales, ciertas series de pronombres, como los personales, los posesivos y los demostrativos, bien organizados, con un número fijo de formas que no puede alterarse. Pero no se caía en la cuenta de que todas las zonas de la lengua estaban igualmente estructuradas en subsistemas que, juntos, constituían un sistema total. Y así, al llegar a hablar de los pronombres indefinidos, por ejemplo, las gramáticas enumeraban unas cuantas formas –algo, alguien, cualquiera, alguno…- y añadían un “etcétera”, como si se tratara de una clase abierta de palabras sin límites precisos.
He aquí la genialidad de Saussure, que consistió en señalar que toda la lengua constituye un sistema –es decir, un conjunto de signos relacionados entre sí-, y que los signos son interdependientes. Presentó su idea de un modo intuitivo: los elementos lingüísticos mantienen un equilibrio parecido al que guardan las piezas del ajedrez en un momento de una partida –esto es, en una “sincronía”-. Si se cambia el lugar de una pieza, este equilibrio se altera y se pasa a un sistema totalmente diferente. Así pues, podemos enunciarlo de la siguiente manera: “cada movimiento diacrónico da origen a una sincronía nueva, en la que el conjunto de las piezas que componen el sistema mantienen un equilibro interdependiente, pero distinto del que guardaban en el estado anterior.
La interrelación sistemática que existe entre todos los elementos de la lengua se produce por el hecho de que cada uno de ellos posee un valor que los opone a los demás signos. Así, por ejemplo, la calificación de notable sólo tiene sentido por su situación en el subsistema léxico de las calificaciones, que la agrupa entre aprobado y sobresaliente. El “valor” de cada signo no es, pues, algo que resida en sí mismo, sino en lo que lo opone a los demás, y así lo diferencia. El sistema lingüístico queda estructurado merced a las oposiciones que mantienen los signos entre sí.

Émile Zola se crió en Aix-en-Provence, al sur de Francia, pero se estableció en París, donde realizó toda su obra. Su objetivo era mostrar cómo la conducta humana viene determinada por la herencia y el medio ambiente en el que el ser humano se desarrolla. Tras haber escrito ya diversas novelas, obtuvo un éxito aplastante con Nana (1880), novela en la que narra la historia de una cantante de vodevil que canta muy mal pero que logra seducir a todos los hombres. Para esta novela, Zola hubo de documentarse mucho, como él mismo dijo, investigando y conociendo de cerca los teatros, las dimensiones de las habitaciones de las prostitutas, los alimentos que comían y, en general, el ambiente que se vivía en ese mundo.
La lengua, tal como existe en un momento dado –como existe, por ejemplo, en nuestro presente o durante la época de los Reyes Católicos-, es el resultado de una evolución secular y, a la vez, una etapa de esa evolución, que proseguirá a lo largo del tiempo. Ya vimos cómo la
De todos los autores romanos nacidos en Hispania –Lucano, Marcial, Juvenal…- el más importante fue, sin duda, Séneca. Nació en Córdoba, entre el 2 y el 4 d.C., y se fue a Roma muy joven. Allí estudió e hizo carrera política de forma brillante, hasta que fue acusado de adulterio y desterrado a Córcega durante varios años. Regresó más tarde a Roma llamado por Agripina, la esposa del emperador Claudio, para ser preceptor del entonces niño Nerón.
Cicerón fue el gran orador de Roma. Nació en 106 a.C., en el seno de una familia rica que le permitió tener los mejores estudios. Su forzosa incorporación al ejército debido a las guerras civiles retardó su eclosión como orador, aunque no le impidió mantener su buena reputación como poeta. Su momento de gloria llegó gracias a la fama que le dieron los argumentos que utilizaba para defender a sus clientes. En uno de os muchísimos que tuvo, Cicerón aceptó el reto de defender a un pobre hombre que había sido acusado falsamente de asesinato por uno de los protegidos de Sila, el entonces dictador. Mostró Cicerón tal habilidad oratoria, hizo uso de argumentos tan irrefutables, que los mismos jueces le aplaudieron y absolvieron al acusado, dejando sin respuesta posible a Sila. 











