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El gallego y el portugués
Pablo el 1 de Junio de 2007
Las lenguas modernas gallega y portuguesa proceden de la lengua medieval románica que se formó en los territorios emplazados al norte y al sur del río Miño. Estas tierras fueron conquistadas por los reyes asturianos, y pertenecieron sucesivamente a las coronas de León y de Castilla (además de unos breves períodos de tiempo, sobre todo durante los siglos X y Xi, en los que constituyeron un reino independiente).
Alfonso VI de Castilla, como reconocimiento a la personalidad de Galicia, convirtió ésta región en condado a finales del siglo XI, y se lo concedió, con cierto grado de autonomía, a su hija Urraca. Sin embargo, el rey le hizo a su hija Teresa una concesión semejante, otorgándole las tierras situadas entre el Miño y el Tajo. De las disputas surgidas en relación a este conflicto, así como en los sentimientos secesionistas de los nobles de aquel condado, se basa la independencia política de Portugal.
En todo caso, la división que acabamos de citar y que fue realizada a finales del siglo XI, no fue impedimento para que ambos territorios compartieran, durante varios siglos más (del XII al XIV, al menos), su misma lengua neolatina, a la que de hecho se dio el nombre de gallego-portugués. En esta lengua se escribieron las mejores obras de una poesía lírica de genuina belleza (las conocidas cantigas de los cancioneros galaico-portugueses. El prestigio lírico que alcanzó el idioma hizo que numerosos escritores castellanos, durante aquella época, lo adoptases a la hora de componer sus poesías. Incluso Alfonso X usó esta lengua para escribir sus Cantigas a la Virgen.
Sin embargo, la comunidad lingüística que durante esos siglos formaron, juntos, los habitantes del norte y el sur del río Miño, comenzó a distanciarse a lo largo del siglo XV. La lengua del sur se convirtió en el idioma nacional de Portugal, alcanzó un gran cultivo artístico, y se exportó a Brasil tras la conquista portuguesa. En cambio, el gallego vio pronto agotado su esplendor poético medieval, y se redujo al estadio de idioma regional integrado en un estado que ya poseía su propia lengua, el castellano. No superó su condición de idioma hablado hasta el siglo XIX, que fue cuando empezó a escribirse. De esta forma, la vieja lengua común de estas tierras se dividió en dos diferentes, aunque bien parecidas: el gallego y el portugués.
Los rasgos que las diferencias son de orden fonético, morfológico, léxico y sintáctico. El gallego, por ejemplo, tiene siete vocales, mientras el portugués cuenta con algunas más. El gallego –al igual que el castellano- unificó la pronunciación de la B y la V latinas, cosa que no hizo el portugués. Por último, y quizá sea este uno de los más evidentes, el gallego tiene, en buena parte de su territorio, el tonema Z, mientras el portugués lo sustituyó por S.

En la Edad media, con el nombre “poeta” se hacía referencia no a todos los que se dedicaban al arte de componer versos, sino a aquellos que, en concreto, lo hacían en latín. Como contrapunto, surgió el término trovador para los que no utilizaban la lengua clásica, sino que escribían en provenzal. Ese nombre, trovador, proviene de la palabra trovar, que literalmente quiere decir componer versos.
La segunda mitad del siglo XIX fue uno de los períodos más brillantes para la literatura francesa y, casi con total seguridad, el más brillante para la novela. Proliferaron entonces, en número espectacular, novelas que –muchas de ellas- son hoy consideradas grandes obras maestras de la literatura, aunque en su momento la mayoría pasaron prácticamente desapercibidas.
Si prestamos atención a nuestras actuaciones lingüísticas, nos daremos cuenta de que no utilizamos la lengua de la misma manera en las diferentes situaciones comunicativas en las que nos podemos encontrar a lo largo de nuestra vida. No hablamos de la misma manera cuando nos encontramos en una reunión familiar, o en un encuentro con nuestros amigos, que cuando, por ejemplo, tratamos de explicarle algo al director de nuestro centro educativo. Lo que en la aquella es normal, o simpático, en éste es vulgar. Y lo que en ésta es educado y elegante, en aquélla puede parecer pedante y fuera de contexto.
El novelista turco Orhan Pamuk nació en Estambul, en 1952, en el seno de una familia acomodada. Sin embargo, su vida ha distado mucho de ser tranquila pese a ser un escritor de éxito, pues la polémica le ha acompañado en su país desde que se posicionó claramente a favor de la población kurda y armenia. Sin embargo, su reciente éxito mundial ha relegado esas tristes cuestiones a un segundo plano, y ha puesto en el primero el gran talento de un escritor genial, ganador del último Premio Nobel de Literatura.










