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17
May

La tragedia griega. Esquilo.

Publicado por Pablo el 17 de Mayo de 2007

EsquiloLa tragedia era el género dramático por excelencia de los griegos. Se representaba en honor a Dionisos, dios del vino, y presentaba historias de personajes enfrentados a conflictos diversos, pero marcados desde el principio por un destino fatal. De hecho las tragedias, como su propio nombre indica, siempre acababan en muerte y sufrimiento.

Las primeras tragedias se representaban en teatros de madera, que generalmente se asentaban en la ladera de una colina. Hubieron de pasar más de cien años para que este teatro tan precario se sustituyera por otro de piedra, cuyos testimonios no dejan de sorprendernos, pues hoy día, después de milenios, quedan muchos en pie y en estupendo estado de conservación. El único actor que originariamente tomaba parte en la representación llevaba unos zancos, para parecer más alto, pues estos actores siempre representaban a héroes mitológicos. Además, este actor nunca enseñaba su rostro, sino que lo ocultaba tras una máscara que lo distanciaba del coro, y lo distinguía.

El coro lo formaban varias personas y era de suma importancia. Su función era expresar los sentimientos de los espectadores y enfrentarlos a los de los héroes.

Una de las características fundamentales de la tragedia es la actuación del héroe. Este personaje deja de ser un modelo, una especie de ser perfecto, y pasaba a actuar de una forma que podía –y de hecho, lo era- ser cuestionada. Los héroes de las tragedias se encuentran en una encrucijada tal que no pueden salir porque, como se sabe al final, los dioses ya han decidido su destino. Alea iacta est, como decían los romanos. La suerte está echada, y todo lo que hagan será en vano. Debemos tenerlo muy en cuenta para tender las acciones de muchos héroes. Como Edipo, por ejemplo, que cumpliendo una predicción y sin saber en verdad lo que hacía, mató a su padre y se casó con su madre. Cuando pudo conocer la verdad, se arrancó los ojos para no ver lo que había hecho, y se condenó a sí mismo al destierro.

Uno de los mayores maestros de la tragedia fue Esquilo, cuya obra trata, como tema central, la justicia. Este poeta trágico contribuyó a darle a la tragedia su forma definitiva, incorporando un segundo actor. Predominaba en sus obras el sentimiento religioso y la sencillez en la acción, de forma que el clima y el ambiente prevalecen sobre los actos. Destaca por su vigor y variedad expresiva, y por lograr dar una gran profundidad a cada una de sus palabras sin recurrir, para ello, a un abuso de la retórica. Más de ochenta obras se le atribuyen, aunque destacan Prometeo encadenado, Los siete contra Tebas, Los suplicantes y Los Persas y la trilogía de la Orestíada.

17
May

La evolución del latín vulgar

Publicado por Pablo el 17 de Mayo de 2007

Latín vulgarLa evolución del latín en los diferentes territorios donde estaban formándose lenguas romances nuevas, no fue de ninguna manera aleatoria. En cada uno de estos territorios, por el contrario, los distintos sonidos o grupos de sonidos latinos pervivieron, o bien evolucionaron, de un modo netamente coherente y distinto. Naturalmente, aunque esto fuera así se dieron algunos resultados comunes a todas o al menos a algunas de las nuevas lenguas.

Todas las lenguas peninsulares mantuvieron la tendencia del latín vulgar a perder la vocal de la sílaba postónica interna. Expliquémoslo mejor con un ejemplo: en la palabra latina Oculu (con acentuación: óculu), la sílaba postónica interna sería Cu (ya que va detrás de la sílaba tónica y no es la sílaba final), de forma que, como veníamos diciendo, la vocal U de esa sílaba se perdió en el latín vulgar, quedando Oclu. Todos los idiomas peninsulares comparten este rasgo.

Los sonidos mantenidos, a su vez, evolucionaron de modo distinto en las diferentes lenguas. De forma que tenemos:

Gallego-Portugués: Ollo (mantiene la inicial O; convierte el grupo consonántico Cl en LL; y convierte la U final en O).

Leonés: Uello (diptonga la O inicial, convirtiéndola en UE, y trata el resto de los sonidos como el gallego).

Aragonés: Uello (exactamente igual que el leonés)

Catalán: Ull (cierra la O inicial en U; convierte CL en LL y pierde la vocal final)

Castellano: Ojo (mantiene la O inicial; convierte en J el grupo CL; y –al igual que el gallego- convierte en O la U final).

A las reglas que enuncian la evolución que ha sufrido un sonido al transformarse un idioma en otra las llamamos leyes fonéticas. De forma que, por ejemplo, podríamos promulgar la siguiente ley fonética: el grupo interno de consonantes latinas CL dio, al pasar al castellano, J. Así que de el latín Auricula se pasó a Auricla en la latín vulgar y, de ahí, a Oreja en castellano. Lo mismo con:

Cuniculu > Cuniclu > Conejo
Speculu > Speclu > Espejo
Novacula > Novacla > Navaja
Lenticula > Lenticla > Lenteja
Vermiculu > Vermiclu > Bermejo

Como es natural, estas evoluciones de sonidos –o leyes fonéticas- no se produjeron instantáneamente, ni mucho menos. Ni siquiera en el curso de unos cuantos años. A veces, hubieron de pasar varios siglos para que se fijara un nuevo uso como resultado definitivo. Y durante esos siglos, la forma más arcaica coexistía con la solución más innovadora, y también con soluciones intermedias.

16
May

Momentos estelares de la humanidad, de Stefan Zweig

Publicado por Pablo el 16 de Mayo de 2007

Momentos estelares de la humanidadStefan Zweig fue un genial escritor austríaco, nacido en Viena, y universalmente conocido durante las décadas centrales de la primera mitad del siglo XX. Sus obras abarcan novelas, relatos y también biografías, y una de ellas en especial abarca casi todo ello a la vez. Fue una obra que llevó casi veinte años escribir, pero cuyo resultado fue tan maravilloso que, sin duda –debió pensar-, valió la pena el esfuerzo.

Me refiero a Momentos estelares de la humanidad, donde Zweig desarrolla con una elegancia exquisita lo que la crítica literaria ha venido a llamar la miniatura histórica. Zweig elige aquí catorce momentos, desde la historia antigua (Cicerón es el primero), hasta casi su propia época (Wilson tras la Primera Guerra Mundial, Lenin y la Revolución Rusa), que él considera que marcaron un antes y un después en la historia de los hombres. “Cada uno de estos momentos estelares –escribe Zweig- marca un rumbo durante décadas y siglos”. No se trata de los mejores momentos de la humanidad, ni aquellos con los que él se sintiera más reconocido, sino los que consideró como hitos fundamentales para comprender el posterior desarrollo del mundo.

En su primer capítulo, llamado Cicerón, Zweig nos habla de la vida de este escritor, filósofo y político romano, que enarboló hasta el fin de sus días la bandera de la libertad, defendiendo la República Romana frente a los dictadores que la amenazaban. Luego, en un salto de casi mil quinientos años, nos lleva el autor a la resplandeciente Constantinopla, la perla de Bizancio, en el momento fundamental en que aquella ciudad –baluarte, entonces, del cristianismo- caía en las manos del Imperio Otomano, manos en las que ha permanecido hasta hoy. Con todo lujo de detalles nos narra Zweig la historia de la batalla colosal que se libró en 1453. En Huida hacia la inmortalidad cambiamos de continente, y nos dirigimos a América, recién descubierta por los españoles, lugar donde se desarrollaron mil y una historias de aventuras, descubrimientos y pérdidas. Con notable entusiasmo, Zweig destaca la historia de Vasco Núñez de Balboa, descubridor del Océano Pacífico, y que a punto estuvo de ser también conquistador del Perú, aunque al final fuera su gloria para otro, Francisco Pizarro.

Con el mismo estilo entusiasta, elegante, pausado por momentos y emocionante por otros, Zweig nos cuenta la creación del Mesías de Hande; la composición del “himno de los himnos”, la Marsellesa; la colosal batalla de Waterloo que marcó el destino de todo el siglo XIX europeo; los últimos años del genial Göethe; el descubrimiento de El Dorado en California; el indulto del zar a un escritor sin par, Dostoievski, cuando ya se daba por muerto; la unión telegráfica entre Europa y América, y la primera palabra que por estos cables pudo transmitirse, la Huída hacia Dios de León Tolstoi, en los albores de la revolución bolchevique, la primera llegada al Polo Sur; el viaje en tren de Lenin, desde su exilio en Suiza, camino directo de la gran Revolución de 1917, y el fracaso de Wilson en su intento de construir un mundo utópicamente Pacífico tras los horrores de la Primera Guerra Mundial.

Cada una de estas historias constituye una miniatura histórica. Y un verdadero placer para el lector, que además de aprender, disfruta.

16
May

La filosofía del lenguaje

Publicado por Pablo el 16 de Mayo de 2007

La filosofía del lenguaje es, en términos generales, toda filosofía que hace del lenguaje el tema central de sus reflexiones. En realidad, la filosofía se ha ocupado desde sus orígenes de problemas relativos al lenguaje, aunque sólo en el siglo XX se ha producido un giro, una profunda variación, en cuanto a la concepción de éste por parte de aquélla: lo que se ha dado en llamar el “giro lingüístico” (según R. Rorty) o el “cambio de marcha” (según J. Ferrater Mora). Las causas, o la paternidad de este giro lingüístico, deben buscarse por dos lados: el primero tiene que ver con el desarrollo de la lógica matemática, y la aparición de Principia Mathematica (1910-1913), obra en la que sus autores, Whitehead y Russell, intentan fundar la matemática en la lógica; el segundo es la publicación del Curso de lingüística general (1916), de Ferdinand de Saussure, base de la lingüística estructural.

Nunca antes, a lo largo de la tradición filosófica, habían sido de poca importancia las cuestiones sobre el lenguaje, aunque se habían tratado generalmente de forma aislada y verdaderamente difusa, si la comparamos con estas nuevas tendencias. Y es que la filosofía tradicional había tratado el lenguaje como un instrumento y vehículo de comunicación y de conocimiento. Nada más.

WittgensteinExistió, no obstante, otra tradición filosófica, surgida sobre todo en los siglos XVIII y XIX en Alemania, que se basa en las investigaciones lingüísticas inspiradas en la Ilustración y en el romanticismo alemán de J.G. Herder y Karl Wilhem von Humboldt, sobre todo. Para estos autores el lenguaje no es un mero producto u objeto, sino un elemento estructurador de lo que es el hombre y a la vez realidad primaria en la que el hombre se halla inmerso y anterior a él, de manera que la comprensión que el hombre alcanza del mundo y de sí mismo no puede hacerse sino por medio del lenguaje. Muchos autores posteriores, como Husserl, Heidegger, Cassirer, Merleau-Ponty, Gadamer, Wittgenstein (en la imagen) y otros, han investigado partiendo siempre de la línea iniciada por Herder y Humboldt. Además, los estudios etnológicos del siglo XX reafirmaron esta relación entre lenguaje y hombre, mediante la confirmación empírica de la relación que existe entre el lenguaje y la cultura o sociedad; la llamada hipótesis de Sapir-Whorf estableció que el mundo real de cada uno está modelado, siempre, de forma inconsciente por los hábitos lingüísticos del grupo a que pertenece, esto es, que el lenguaje configura nuestra experiencia del mundo.

De manera que el lenguaje se convirtió, en las primeras décadas del siglo XX, en uno de los temas fundamentales de estudio de la filosofía, al atribuírsele la capacidad configuradora de lo que es el ser humano o al considerarlo como la forma en que se expresa el conocimiento.

En resumen, la filosofía del lenguaje toma en consideración tres realidades básicas fundamentales: los hablantes, el lenguaje y el mundo. Su objetivo final es clarificar las relaciones que entre ellos se establecen.

15
May

Los orígenes de la lírica griega

Publicado por Pablo el 15 de Mayo de 2007

LíricaEra la lírica, en sus orígenes, una especie de poesía cantada y acompañada, de fondo, por el bello sonido de la lira. Había dos tipos, dos formas de llevar a cabo este arte: la coral, con varias voces y acompañamiento, y la monódica, a una sola voz y sin acompañamiento alguno. Alcmán, Estesícoro, Íbico y Píndaro son, seguro, nombres que a todos nos recuerdan algunos de los más bellos pasajes de la lírica griega. Fueron los que mayores cotas alcanzaron en el primer tipo que decíamos, la lírica coral. Mientras, otros grandes maestros como Alceo, Safo y Anacreonte, maravillaban a sus coetáneos con composiciones líricas monódicas.

La elegía y el yambo, aunque hoy no los consideremos partes de la lírica, sí lo fueron en sus inicios. En ellos no había canto, sino que, simplemente, se recitaban con el acompañamiento de algún instrumento. La flauta era el de más común uso en el caso de la elegía, mientras en el yambo solían usarse instrumentos de cuerda.

Sin duda alguna, uno de los centros antiguos más importantes para la lírica fue Lesbos. El que, siglos –milenios incluso- después se haya constituido aquel lugar como una suerte de mito poético es porque, en gran medida, dos autores geniales vivieron allí: Alceo y Safo. Alceo pertenecía a la aristocracia y luchó por el poder político sin éxito, de forma que sus poemas están casi siempre dedicados a la política. En cambio Safo, una de las mujeres más destacadas de la antigüedad, aunque tenía el mismo origen aristocrático que Alceo, tuvo una vida muy distinta. Hubo de sufrir un destierro a Sicilia entre los años 604 y 603 a.C., y sus poemas los dedicó fundamentalmente al amor. Muchos de ellos alcanzaron un bello y evidente contenido erótico. Utilizaba un lenguaje sencillo y claro, diametralmente apuesto del estilo homérico, y escribía poemas que eran puro sentimiento. Su obra alcanzó una repercusión tremenda en la literatura posterior, y en la cultura griega en general. Platón llegó a considerarla la décima musa.

La lírica arcaica de tipo coral alcanzó su hegemonía con dos nombres propios, Anacreonte de Teos y Teognis de Megara. El primero escribió a finales del siglo VI a.C., y fue el poeta de la corte de Polícrates, el tirano de Samos. Dedicó sus poemas al amor, a la vida sensual, al vino y a la música, evolucionando el estilo y la temática de Alceo y Safo. El caso de Teognis es bien diferente, pues su vida fue una tragedia de principio a fin. Sus poemas son un canto al descontento acerca de la deriva a la que, en su opinión, se dirigía la Atenas democrática de Pericles. Aunque nunca perdió la esperanza, en sus poemas reina el descontento y el pesimismo, un curioso caso en una época en la que aquella ciudad se encaminaba de forma irremediable hacia su máximo esplendor.

El otro gran poeta de la época fue el tebano Píndaro, que alcanzó una posición desahogada gracias a su enorme fama, pudiendo escribir muchas obras por encargo. El respeto que se le tuvo a su figura es incomparable en la época, hasta el punto que, cuando Tebas fue saqueada y destruida por un pueblo rival, el único edificio que los saqueadores respetaron fue la casa del poeta, que era sagrada. Incluso Alejandro Magno, un siglo después, también respetaría la casa de Píndaro en su airado ataque a la ciudad.

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