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27
Abr

Lengua latín

Publicado por Pablo el 27 de Abril de 2007

LatinEl latín es una de las lenguas indoeuropeas habladas en el continente europeo. Pertenece al llamado grupo de lenguas itálicas, el cual estaba formado, además, por el umbro (hablado en el noroeste de Italia), y el osco (que se hablaba en el sur). Durante mucho tiempo, fue una lengua del mismo rango que las otras dos, y se hablaba en la ciudad de Roma y la región del Lacio o, lo que es lo mismo, en el centro de la Península Itálica.

La hablaban, en un comienzo, pueblos rudos de pastores y labriegos, y la propia lengua era en sus inicios primitiva y rústica, lejos de los refinamientos que alcanzaría con el tiempo. Fue el crecimiento y la expansión de Roma lo que hizo que también creciera y se expandiera la lengua de los romanos. Mucho tuvo que ver, en el refinamiento que alcanzó el latín (y toda la cultura romana, en general) el contacto entre Roma y Grecia. Las formas griegas se convirtieron en una suerte de registro culto y elegante, que acabó por calar en cada vez más estratos culturales y convirtió el latín en la lengua refinada que hoy conocemos. La misma en la que escribieron Virgilio, Horacio, Ovidio o Tito Livio.

Pero el uso del latín no era uniforme ni siquiera en la propia ciudad de Roma. Allí mismo se advertía ya la colosal divergencia que acabaría creando dos latines: el literario, culto y empleado por las gentes letradas; y el latín vulgar, llamado sermo ploebius por los propios romanos. El latín culto era el que se enseñaba en las escuelas y el que empleaban los escritores. Este no evolucionó naturalmente, sino que respondía a unos cánones fijados que difícilmente cambiaban. El latín vulgar, por el contrario, evolucionaba de forma natural como cualquier otra lengua. Fue el que aprendieron los pobladores de la Península Ibérica y de la mayoría de las provincias, dando como resultado que, en la mayor parte de Europa, muchos hablaban un latín vulgar sumamente similar. Cuando el Imperio fue cayendo en manos de los pueblos germanos, rompiéndose su unidad y creándose diferentes reinos bajo diferentes pueblos reinantes, las lenguas evolucionaron por su cuenta, pero esta dispersión tuvo siempre un mismo punto de partida: el latín vulgar. Es por ello que casi todas las lenguas europeas sean parecidas, y que en todas tengamos palabras similares. Es por que, hace ya muchos cientos de años, en todos esos lugares se habló exactamente igual.

26
Abr

La poesía árabe

Publicado por Pablo el 26 de Abril de 2007

Poesía árabeAhora que ya conocemos la literatura árabe tanto en su época preislámica como en la época posterior a Mahoma, en su vertiente de relatos cortos y cuentos, es el momento de que nos ocupemos de otro aspecto literario en el que los árabes alcanzaron cotas sublimes: la poesía.

En un principio, la lírica árabe no se vio demasiado influida por la difusión de la nueva religión. Antes bien lo contrario, hay testimonios de poetas del siglo VII que se burlaban de Mahoma y sus seguidores, como fue el caso de Kab ibn Zuhayr. En concreto, este último poeta fue tan lejos en sus críticas que el propio profeta le amenazó de muerte si no rectificaba. Al final, Zuhayr se presentó ante Mahoma con un poema en el que lo colmaba de dichas y virtudes, lo que calmó los ánimos del profeta. El poema, además, se convirtió en uno de los más difundidos de la época. Era costumbre entre los poetas de aquella época el burlarse de casi todo. Así lo hacía, por ejemplo, al-Hutaya, el Enano, que hacía mordaces versos sobre su mujer, sus hijos y sobre la propia muerte.

En esta misma época, muy cercana todavía a la vida del profeta, se formaron dos escuelas de lírica amorosa distinguidas por su peculiar forma de tratar el amor. Una era la de los udríes, de gran elegancia moral, que buscaba siempre un sentimiento puro marcado por la nostalgia de la separación de la amada. La otra escuela, en las grandes ciudades de La Meca y Medina, daba más prioridad a la sensualidad e incluso a la obscenidad.

Pero los grandes renovadores de la poesía árabe fueron otros, como Abu Nuwas, que entre finales del siglo VII y principios del IX hizo una poesía desvergonzada y cínica. También destacó su contemporáneo Abu-l-Atahiyya, que se dedicó a cantar la vanidad de las pasiones y la fragilidad de los bienes materiales. Y, por último, el otro gran renovador fue Ibn al-Mutaz, que escribió interesantes descripciones de tertulias literarias. Como curiosidad, este poeta fue califa durante un día, en el año 908. El mismo día de su nombramiento fue asesinado.

Otros tres fueron los poetas que más destacaron entre el siglo X y el XIII. Al-Mutanabbí, que llegó a ser considerado como el mejor de todos los poetas árabes por su novedosa forma de describir la vida de los beduinos a través de hermosas expresiones y metáforas, fue el más destacado y admirado. Abu-l-Alá-al-Maarí se inició leyendo al anterior, como era habitual dada su enorme fama y prestigio. Sus poemas, en cambio, se caracterizaron por una gran preocupación moral y religiosa, con un tono escéptico que dejó claro en uno de sus más famosos versos: “El mundo se compone de dos clases de hombres: religiosos sin inteligencia e inteligentes sin religión”. El último gran poeta árabe de esta época fue Ibn-al-Farid, que vivió en la primera mitad del siglo XIII. Se preocupó, sobre todo, de la vida espiritual y contemplativa, y dedicó su poesía a expresar su amor por Alá.

26
Abr

El texto y sus propiedades

Publicado por Pablo el 26 de Abril de 2007

El textoAlgo tan conocido como un texto es, sin embargo, un tipo de composición lingüística que conviene definir y conocer. Tiene sus propias características y propiedades que es necesario analizar para poder comprenderlo. Algo tan común como un comentario de texto tiene que empezar, si queremos que esté bien hecho, por saber percibir las partes, estructura, coherencia y relaciones internas del texto sobre el que trabajamos. Vamos a intentar definir todo ello:

Llamamos texto a la unidad de carácter lingüístico formada por un conjunto de enunciados con una estructura interna. Es el resultado de una actividad verbal, en la cual el emisor actúa con una intención comunicativa, y en un contexto determinado. Cuando tenemos que analizar un texto, identificamos los diferentes elementos lingüísticos que hacen dotan de coherencia a esa estructura interna.

La coherencia es una propiedad fundamental de los textos. Gracias a ella, estos pueden ser comprendidos como una unidad comunicativa con sentido. La coherencia tiene mucho que ver con la organización que se le dé a la información que contenga un texto. Si esa información está bien estructurada podremos, sin mayor problema, poner un título al texto, distinguir las ideas principales de las secundarias, y resumir su contenido informativo.

Hay dos tipos de información en un texto:

  • La información que se supone conocida por el destinatario, que es el tema.
  • Y la información nueva que se ofrece sobre ese tema ya conocido: el rema.

Tanto el tema como el rema cambian conforme el lector va avanzando en la lectura del texto. Así, lo que en un principio funcionaba como rema pasa a ser, en el capítulo o enunciado siguiente, el nuevo tema. A esta manera de ir aportando información nueva en un texto se le llama progresión temática, y es sumamente importante para que la comunicación que el emisor quería hacer llegar a sus receptores sea comprendida y aprehendida por estos.

La cohesión es otra propiedad que poseen los textos cuyas diferentes partes están relacionadas entre sí mediante diversos procedimientos lingüísticos, que pueden ser los siguientes:

Relaciones de correferencia: permiten deducir el significado de una palabra, generalmente un pronombre, recurriendo a otra, ya mencionada en el texto.

Las relaciones de correferencia pueden ser de dos tipos:

Anafóricas: relacionan una palabra con otra mencionada antes en el texto (ejemplo: el jugador marcó un gol y lo celebró con sus compañeros).

Catafóricas: la relación se establece con un elemento que aparecerá después de hacer referencia a él (ejemplo: el candidato dijo esto: “me presentaré a las elecciones”).

Elipsis: Aparece cuando se omite una palabra, un sintagma o toda una oración, porque se entiende que el lector puede deducir su contenido.

Relaciones léxicas: la cohesión entre las palabras de un texto es mayor cuando se establecen entre ellas relaciones de sinonimia, hiponimia, o cuando se utilizan palabras de un mismo campo semántico.

Presencia de conectores: conjunciones, locuciones, unidades léxicas, etcétera, ayudan a relacionar las partes de un texto. Los conectores pueden indicar distintos tipos de relación entre las ideas: adición, consecuencia, contraste, etcétera.

25
Abr

Las lenguas prerromanas

Publicado por Pablo el 25 de Abril de 2007

Lenguas prerromanasEs bien sabido que el español, al igual que el francés o el italiano, es una lengua derivada del latín. Pero eso no significa que no tenga otras influencias. Durante un tiempo, el castellano convivió con el árabe. Y durante mucho tiempo, en los lugares donde más adelante se habló español, el latín fue el idioma más utilizado. Pero cabría plantearse una cuestión, ¿y antes del latín, qué se hablaba?

Los romanos llegaron a la Península Ibérica en el año 218 a.C., y encontraron una tierra en la que se hablaban diversas lenguas. A estas lenguas las llamamos hoy prerromanas, y las principales eran el celtíbero, el vasco, el ligur, el lusitano, el íbero y el tartesio. El mapa lingüístico de aquella época era sumamente diverso:

Al norte, a ambos lados de los Pirineos, estaban establecidos pueblos que hablaban una lengua común, la cual hoy subsiste (y es la única de estas lenguas prerromanas que lo ha conseguido), el vasco.

En la baja Andalucía y el sur de Portugal estaban asentados los pueblos turdetanos y tartesios, que se dedicaron muy activamente al comercio con fenicios y griegos. Los fenicios fundaron muchas ciudades en el litoral, como Gádir (Cádiz), Asido (Medinasidonia), o Málaka (Málaga). Como veis, los nombres por los que hoy las conocemos tienen un origen fenicio o, lo que es lo mismo, prerromano.

Por el Levante se extendían los íberos, a quienes los griegos conocieron primero y le dieron a toda la Península su nombre: Iberia, otro término prerromano, como Lucentum (Alicante), Rhode (Rosas) y Emporion (Ampurias).

El centro y el noroeste de la Península estaban ocupados por pueblos ligures, que tenían también su propia lengua, y que también nos dejaron diversos topónimos como Toledo, Langa, Berlanga, Barcelona o Tarazona.

Los celtas, que procedían del norte de Europa, ocupaban Galicia, Portugal, y algunas regiones del centro peninsular y de Sierra Morena. Sus palabras compuestas con briga (que significaba fortaleza, o colina), y por sego (victoria) componen hoy muchos nombres de lugar en la geografía española: Mirobriga es Ciudad Rodrigo, Coninbriga es Coimbra, Brigantium es Betanzos, y Segontia es Sigüenza, por poner sólo algunos ejemplos.

Con la llegada de los romanos y la latinización lingüística de toda la Península (excepto del norte, que siguió hablando vasco), todas estas lenguas dejaron de hablarse, pero se resistieron a abandonar el mundo sin dejar a la posteridad algunas muestras de su existencia. Haciendo un poco de arqueología lingüística, descubrimos que términos como vega, barro, carrasca, páramo, balsa, losa o arroyo, por ejemplo, tienen un origen previo a la llegada de los romanos. Son, pues, palabras prerromanas.

25
Abr

La literatura árabe, de El Corán a Las mil y una noches

Publicado por Pablo el 25 de Abril de 2007

1001 NochesLa literatura árabe, de cuya época preislámica ya nos hemos ocupado, dio un verdadero giro copernicano con la aparición del profeta del Islam, Mahoma. Nacido en la ciudad de La Meca en el año 570 (de la era cristiana) Mahoma comenzó a predicar su mensaje y se basó, para ello, en las tradiciones judías y cristianas. Cuando murió, sus seguidores pusieron por escrito sus revelaciones, dando forma al libro sagrado de los musulmanes, el Corán.

El Corán está dividido en 114 capítulos (también llamados suras), que fueron compilados unes veinte años después de la muerte de Mahoma. Si bien el Corán tuvo y sigue teniendo, como todos sabemos, una importancia capital en la religiosidad de todo el mundo musulmán, aquí debemos centrarnos en lo que aportó y supuso para la historia de la literatura. Se presentan en él numerosas leyendas que han tenido después una enorme repercusión. Por ejemplo, la leyenda de los siete durmientes (de origen cristiano), que cuenta la huda de siete jóvenes cristianos debido a la abjuración impuesta por el emperador Decio.

Sin embargo, la que seguramente fue la mayor repercusión que tuvo el Corán para la literatura posterior fue que, al estar escrito en árabe, esta lengua se convirtió en la más usada en todas las tierras conquistadas por los musulmanes, que no fueron pocas. Así, de Bagdad hasta Córdoba, de Damasco a Tombuctú, el árabe se convirtió en el principal vehículo del conocimiento, se formaron escuelas, se desarrollaron ciencias y, cómo no, se escribieron obras literarias. Adquirieron importancia algunos géneros concretos, como el historiográfico y el relato breve. Una de la sprimeras grandes obras en esta lengua fue la traducción del Panchatantra, escrito en sánscrito, que se vino a llamar Calila y Dimma. A finales del siglo X, el escritor Badí al-Azmán al-Hamadaní reunió una colección de cuentos a la manera de la literaa sánscrita, y los redactó de forma culta, lo que contribuyó a fijar el género y sus formas recurrentes. Incluso se les dio un nombre propio: a partir de entonces, a estos relatos se les llamó macama.

Esta colección del siglo X fue el paso previo al conjunto de relatos más colosal y fascinante de toda la literatura árabe: Las mil y una noches. Esta obra, cuyos relatos fueron despreciados por los sabios musulmanes, sobrevivió a lo largo de los años gracias a la transmisión oral, lo que no impidió que tuviera una gran trascendencia en otras muy diversas obras. Sus cuentos están pensados no para moralizar ni educar, sino para divertir y entretener. Tratan de aventuras, de luchas contra seres superiores y de relaciones amorosas. Pero tienen un argumento principal que actúa de hilo conductor y excusa para introducir cada uno de ellos: un rey ordena a sus súbditos que le entreguen diariamente a una doncella, a la que mata después de pasar con ella la noche. Así se cumple hasta que una de estas doncellas, Scherezade, la más culta e inteligente de todas, despierta la curiosidad del soberano contándole cada noche una historia que deja interrumpida al amanecer, de modo que el rey, ansioso por conocer el final, tiene que esperar a la noche siguiente para que se le desvele el desenlace. Así sucede durante mil noches, hasta que el rey se enamora de la doncella y la convierte en su esposa.

La fabulosa doncella mantuvo entretenido al rey con cuentos que hoy son conocidos por todos: Alí Baba y los cuarenta ladrones, Aladino y la lámpara maravillosa, Simbad el marino, etcétera. La mayoría inspiraron después libros, cuentos, relatos y, en épocas más recientes, incluso películas de cine.

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