10
Jul

Derivación a través de prefijos y sufijos

Publicado por Pablo el 10 de Julio de 2007 a las 10:51 am

Derivación. Sufijación. Prefijación.La derivación es un procedimiento de formación de palabras que consiste en añadir sufijos o prefijos a un lexema dado. Veamos algunos ejemplos, primero, de palabras formadas por un prefijo más un lexema:

Hacer » Des-hacer
Móvil » In-móvil
Sacar » Son-sacar
Sensible » Hiper-sensible
Poner » Com-poner » Des-com-poner
Carga » Sobre-carga

A pesar de que significan cosas muy distintas, en todas las palabras anteriores podemos observar unos rasgos que son comunes. A saber: el prefijo no cambia la categoría gramatical de la palabra (móvil e inmóvil son ambos adjetivos, como carga y sobrecarga son sustantivos, y al igual que hacer y deshacer son verbos); el prefijo altera el significado de la palabra a la que se añade (una carga es una cosa que pesa sobre otra; una sobrecarga es lo que se añade a una carga regular); por último, en una palabra puede aparecer más de un sufijo (como vemos en el ejemplo de descomponer).

Fijémonos ahora en el ejemplo de las palabras a las que se añade un elemento al final, es decir, que están formadas por un lexema más un sufijo:

Costar » Cost-e
Grande » Grandot-e
Campo » Camp-estre
Percha » Perch-ero
Gente » Gent-ío
Cristo » Crist-iano » Crist-ian-dad

¿Qué podemos observar en los anteriores ejemplos? Lo primero es, sin duda, que a diferencia de los prefijos, los sufijos sí que pueden cambiar la categoría gramatical de la palabra a la que se unen (costar es un verbo y coste un sustantivo; campo es un verbo, campestre, un adjetivo…); los sufijos pueden convertir, de hecho, adjetivos en sustantivos (de bueno a bondad, de bello a belleza, de agudo a agudeza, de amplio a amplitud, de alto a altura…); verbos en sustantivos (de aburrir a aburrimiento, de poblar a población, de estudiar a estudio…); adjetivos en adverbios (de fácil a fácilmente…); sustantivos en adjetivos (de trampa a tramposo, de familia a familiar…); o convertir la tipología de un sustantivo, convirtiendo un topónimo en un gentilicio (de Génova a genovés…), o bien convertir un sustantivo individual en uno que designe a un grupo (de alumno a alumnado, de instrumento a instrumental…).

Hay ocasiones en las que, sin embargo, los sufijos no alteran la categoría gramatical de las palabras a las que se añaden. Del ejemplo anterior, grande es un adjetivo, y grandote, también. Percha es un sustantivo, y en este caso, también lo es perchero.

Asimismo, una palabra puede tener más de un sufijo. Lo hemos visto en el ejemplo: Cristiandad es la comunidad de seguidores del Cristianismo, pero no es una palabra de derivada de Cristo, sino de cristiano. Es decir, acumula dos sufijos: ano y dad.

10
Jul

Walt Whitman

Publicado por Pablo el 10 de Julio de 2007 a las 10:50 am

Walt WhitmanWalt Whitman fue el poeta americano más importante e innovador de todo el siglo XIX. Nació en 1819, en Long Island, y en su juventud pasó por diversos empleos que no cuajaron, hasta que llegó al mundo del periodismo.

Su obra más importante, Hojas de hierba, reúne sus poemas más exquisitos. Fue tan influyente que hasta tuvo un grupo de discípulos que lo cuidaron en los últimos años de su vida, en los que su deteriorada salud no le permitía valerse por sí mismo. Sus poemas se convirtieron, con el paso del tiempo, en la voz profética de una nueva mentalidad americana cada vez más consciente y orgullosa de sí misma. Whitman bebió de diversas fuentes: de su labor como periodista, de su estrecho contacto con la naturaleza –no por nada se crió en una granja-, y de la lectura de la Biblia y de los grandes maestros de la literatura. Cervantes, Dante, Shakespeare y los clásicos griegos forman parte nuclear de su bagaje cultural.

Whitman se convirtió en el poema del goce de vivir. Su poesía era un canto al amor y al sufrimiento, a la esperanza por abarcar todo el universo. Se liberó de cualquier atadura que le pudiera aportar el lenguaje, y su voluntad siempre fue abarcarlo todo, absolutamente todo., con un solo centro, el hombre. Dios quedaba aislado del mundo que Whitman quería construir.

Era un hombre que amaba la vida, que gozaba de ella y que buscaba la gloria y la plenitud al saberse lo más importante y hermoso del universo. El poder del hombre era tan grande que seta se podía enfrentar a la muerte, tal era su concepción optimista, antropocéntrica, profética de una sociedad individualista y egoísta, pero también poderosa, desafiante, y libre.

En esa euforia del ser humano que es Hojas de hierba puede desempeñó un papel decisivo la naturaleza como ámbito en el que el hombre puede llegar a la plenitud de su felicidad. Whitman construyó un hombre libre, dueño de su futuro, un hombre convencido de que aquello que soñara podía hacerse realidad.

Al contrario de lo que se puede pensar, su obra recibió fuertes, a veces fortísimas, críticas por parte de sus contemporáneos. Muchos consideraron Hojas de hierba una obra escandalosa, tanto por su forma –de verso libre y términos populares- como por su contenido, en especial todo lo relacionado con la exaltación de la sexualidad. No consiguieron, sin embargo, acallar al poeta, que llegó a publicar hasta nueve ediciones más. Whitman no ocultó nunca –sino todo lo contrario- sus convicciones a favor de la libertad y la democracia. Se declaró heredero de las revoluciones liberales francesa y americana, y transmitió sus valores a lo largo de su obra.

Pasó sus últimos años al cuidado de sus discípulos y admiradores, atacado por una parálisis. Tuvo, por fortuna, la suerte de verse en una buena posición económica y, sobre todo, cada vez más aclamado internacionalmente. En efecto, desde entonces su figura no ha dejado de admirarse nunca, ni de considerarse una de las mayores fuentes de inspiración para la poesía.

10
Jul

El español frente al latín en la universidad

Publicado por Pablo el 10 de Julio de 2007 a las 10:48 am

Gaspar Melchor de JovellanosLa pugna entre el español y el latín por su supremacía en el ámbito científico no había terminado aún en el siglo XVIII. Todavía quedaba un último reducto, pues los estatutos y los reglamentos universitarios estipulaban el empleo de la lengua latina en sus clases. Aunque esta medida sólo se cumplía a medias, no es por ello desdeñable en absoluto. El latín que se hablaba en esas clases, más que la lengua culta y refinada de Virgilio, era un jerga bárbara que habría sido incomprensible por un romano del siglo I, a pesar de que había en España más de cuatro mil cátedras universitarias dedicadas a la enseñanza de dicha lengua.

En cualquier caso, en 1735 el rey Fernando VI volvía a sancionar esta práctica. Dispuso ese año que cuantos profesores y alumnos hablaran romance en los recintos universitarios fueron perseguidos, y castigados.

Frente a esta actitud oficial apoyada, básicamente, por varias órdenes religiosas, se desarrolló un movimiento favorable al castellano en el cual participaron eminentes escritores y científicos del siglo XVIII. Figuró, a la cabeza de todos ellos, Fray Benito Feijoo (1676 – 1764) y, compartiendo con él el centro intelectual del movimiento, el médico Martín Martínez, el polígrafo Fray Martín Sarmiento, el escritor Juan Pablo Forner, y los filólogos Gregorio Mayáns y Antonio de Capmany.

Por su clarividencia, merece mención aparte el insigne Gaspar Melchor de Jovellanos (1774 – 1810), quien, con su talento, su profunda preocupación pedagógica y la autoridad moral que ejerció sobre la Ilustración española. En efecto, Jovellanos no cejó durante toda su vida en atacar “esta ciega idolatría que profesamos a la Antigüedad”, la que llevaba a mantener el latín en la enseñanza, “a despecho de la experiencia y el desengaño”. Para Jovellanos, obligar a los estudiantes a aprender una lengua muerta para construir con ella una ciencia vida era el sumun de lo absurdo. Si España había de seguir siendo una nación egregia –defendía en uno de sus discursos-, el único camino que podía seguir era el de crear, estudiar y enseñar la ciencia en español.

Las ideas de Jovellanos se impusieron cuando, al acabar la guerra de la Independencia, la Regencia nombró una junta para proceder a la reforma de los estudios del país; junta de la que formó parte Manuel José Quintana.

Con la propuesta que surgió de esa junta, el español conquistó, como idioma, el último bastión que hasta ese momento se le resistía: el universitario. Habían pasado seis siglos desde que Alfonso X diera inicio a la lucha de prestigio entre latín y castellano; en los albores del XIX, esa batalla tocó a su final.

6
Jul

Jean Baptiste Poquelin, “Molière”

Publicado por Pablo el 6 de Julio de 2007 a las 11:16 am

MolièreJean Baptiste Poquelin, Molière, siempre tuvo claro que cuanto quería era dedicarse al teatro. En la segunda mitad del siglo XVII, sin embargo, estaba muy mal considerado trabajar como actor cómico, y fue por ello que Jean decidiera, a petición de su familia, utilizar un seudónimo.

Muy pronto fundó su propia compañía de teatro, en la que siempre, en todas las obras, le reservaba a su amante un papel importante. Molière alquiló un local deportivo para las representaciones, pero codo después las deudas fueron tan importantes que tuvo llegó incluso a entrar en prisión, de donde sólo lo sacó el dinero de u padre. No se rindió y, cuando hubo solucionado sus problemas, montó otra compañía y se fue con ella a viajar por Francia. Su único objetivo, decía, era hacer reír a la gente.

A finales de 1658 le llegó su primera gran oportunidad al actuar ante el rey Luis XIV. Para la ocasión eligió una de las obras de la vejez de Corneille que, como era de esperar, fue un fracaso. Al terminar, sin embargo, pidió al rey que le dejara presentar una pequeña obra cómica que había tenido mucho éxito por todo el país. El rey se lo permitió, y Molière representó una farsa escrita por él mismo. Su éxito fue rotundo, lo que le valió ganarse el favor real y poder dedicarse tranquilamente a escribir sus propias obras.

Así escribió Las preciosas ridículas, donde se burla de las damas aristocráticas. Muchas damas, lógicamente, se sintieron aludidas y se quejaron hasta conseguir la prohibición de su obra, lo que aumentó la popularidad de ésta. En cualquier caso, Luis XIV anuló esa condena bastante pronto.

En 1664, Molière empezó su famosa trilogía compuesta por Tartufo, Don Juan y El misántropo. La primera, protagonizada por un impostor que se hace pasar por devoto para alcanzar sus fines, provocó las iras de los religiosos, que consiguieron mantenerla fuera de la escena teatral hasta 1669, año en el que su éxito fue enorme. Fue, sin duda alguna, su obra cumbre, aunque también triunfó con obras como El avaro, inspirada en una obra de Plauto, El cornudo imaginario, Anfitrión, El burgués gentilhombre, y El enfermo imaginario.

Durante la cuarta representación de esta última obra, Molière sufrió una indisposición, y varias horas más tarde moría en su domicilio. Personaje polémico donde los haya, ni siquiera su entierro se libró de causar polémica. A los actores cómicos, por tradición, no se les enterraba en tierra sagrada, pero la viuda de Molière apeló al rey para hacer una excepción, que le fun otorgada. El clero se opuso radicalmente, y el bueno de Molière hubo de ser enterrado de noche, y a escondidas, pero donde él quería.

4
Jul

El castellano en el siglo XV

Publicado por Pablo el 4 de Julio de 2007 a las 10:06 am

Documento castellanoDurante esta época, el castellano afianza su supremacía sobre todas las demás lenguas peninsulares. Entre ellas, el leonés se hallaba ya reducido a la condición de idioma rústico, y en los centros urbanos del antiguo reino, sobre todos Salamanca y Valladolid, se hablaba ya, y se escribía, en lengua castellana.

Aragón había mantenido su idioma propio de una forma más vigorosa. A partir de la unión entre Isabel y Fernando se produjo un acercamiento entre ambas culturas y lenguas, ejemplo de la cual fue la adopción de la planta llamado hinojo como símbolo de la unión. Curiosamente, en aragonés se la denomina finojo o fenojo y, de esto modo, el símbolo reunía las iniciales de ambos reyes. En cualquier caso, la unión no fue del todo bien vista por la corte aragonesa y prueba de ello es que los documentos oficiales, que estaban muy castellanizados en la fecha de la boda, se aragonesizaron radicalmente a partir de esta.

Sin embargo, fue un fenómeno pasajero. Pronto, tales documentos recobraron su aspecto castellano y, ya en 1531 tenemos constancia de que un dramaturgo aragonés, Jaime de Huete, se excusa por no escribir correctamente en lengua castellano.

El triunfo del castellano, a partir de entonces, es total, y tanto aragonés como leonés quedan muy reducidos, usándose como lenguas rurales y, en todo caso, fuertemente castellanizadas e influidas por la lengua dominante.

El propio rey Fernando cedió pronto sus propios hábitos lingüísticos y adoptó su acento, pronunciación y vocabulario a los de su esposa Isabel. En las regiones donde no se impuso el castellano como idioma hablado, se adoptó en todo caso como lengua literaria. Así aconteció en Cataluña y en Valencia, donde alternó ventajosamente con el catalán en este ámbito. Incluso en Portugal mismo, los poetas que figuran en el Cancionero de Resende escriben muy frecuentemente en castellano, y en nuestro idioma compone también gran parte de sus obras uno de los más tempranos y geniales autores dramáticos peninsulares: Gil Vicente, fundador del teatro portugués.

La incorporación de las Islas Canarias a la corona castellana, entre 1478 y 1483, hace que también en esas islas se implante el castellano. El año 1492 es, para la lengua castellano, un momento de impulso espectacular. La conquista definitiva del reino granadino implanta allí la lengua castellana, y el descubrimiento de América marca el comienzo de la conquista que hará de las extensas tierras americanas zona de expansión de la cultura y la lengua del reino español.

El idioma camina, además, directo hacia su fijación moderna. Pierde muchos de sus rasgos medievales, como la f inicial latina, y la t final de palabras como voluntat o bondat, reemplazada por la d actual. Las viejas formales verbales del tipo amades, sodes, dejan paso amáis, sóis, etcétera. Se forma, en definitiva, el aspecto moderno del castellano en la misma época en que éste inicia su definitiva expansión.

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