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Verbos: imperativo

Publicado por Pablo

imperativo Los verbos tienen una particularidad única que no comparten otras palabras, como ya sabemos gracias a la serie de artículos que venimos publicando en La guía de lengua. Esta característica es aquella que les permite presentarse a sí mismos con variaciones no sólo de persona y de número, sino también de lo que se ha venido a llamar “modo verbal”. Estos modos son tres: el modo indicativo, que se usa para expresar realidades e informaciones, el modo subjuntivo, que se emplea para conjeturar, y el modo imperativo, que es el que utilizamos para dar órdenes. De este modo imperativo vamos a hablar en este artículo.

El imperativo, en efecto, es el modo que utilizamos cuando queremos rogar o cuando queremos dar órdenes, o también cuando queremos advertir o amenazar.

En realidad, los gramáticos siempre han tenido una importante divergencia con respecto al imperativo. Mientras unos lo han considerado siempre un modo propio, al margen del indicativo y del subjuntivo, otros han considerado que no es sino una forma especial de indicativo. En realidad, normalmente ha prevalecido la primera opción puesto que le imperativo cuenta con algunas características absolutamente propias que no tienen analogía con ningún otro tiempo.

Primero, el imperativo carece de la primera persona del singular. Es lógico, pues no tendría mucho sentido que nos diéramos órdenes, o que nos hiciéramos peticiones, o que nos advirtiéramos a nosotros mismos. En cualquier caso, si esto fuera necesario, el modo que el español tiene de solucionarlo es el de salirnos de nosotros mismos y “hablarnos” en tercera persona. Si nuestro nombre es Juan, diremos: “¡Juan, anímate y sigue adelante!”

Segundo, el imperativo jamás aparece en oraciones subordinadas. Funciona sólo sintácticamente, sin subordinarse y sin subordinar a nadie.

Es asimismo el único tiempo que no puede terminar en vocal. Termina siempre en “-d” o a veces en “-z” (“corred”, “leed”, “haz”, “rehaz”…).

Su valor temporal se limita siempre al presente y al futuro, y nunca puede ser pasado por su propia naturaleza (una vez más, carecería de lógica “advertir” o “ordenar” de cara a lo ya sucedido).

El único imperativo con cierto valor de pasado es el que se forma con el infinitivo del verbo auxiliar, por ejemplo, cuando decimos “haberlo hecho”.

Por último, el imperativo sólo tiene valor positivo, lo que ha sido tradicionalmente un argumento a favor de quienes defienden su no autonomía como modo verbal. Por ejemplo, podemos decir en imperativo “Ven”, o “Corre”. Pero no podemos decir “No ven” ni “Ni corre”. En caso de querer dar una orden negativa, hemos de recurrir al subjuntivo y decir “No vengas” o “No corras”.

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