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Forma abstracta

Publicado por Pablo

forma-abstracta.jpg La forma abstracta es un concepto acuñado por primera vez por el célebre lingüista norteamericano Leonard Bloomfield, el principal representante del estructuralismo lingüístico en el siglo XX y el máximo exponente de la disciplina hasta la llegada de la gramática generativa de Noam Chosmky.

En rigor, lo que entendemos por forma abstracta, dentro del estructuralismo de Bloomfield, es toda aquella forma lingüística que, pese a disponer de significados equivalentes, es susceptible de emplearse en la oración cumpliendo funciones sintácticas diferentes, y perteneciendo, en consecuencia, a categorías gramaticales diversas.

Las formas abstractas casi nunca se estudian en la educación primaria y secundaria. Pertenecen, más bien, al ámbito académico y al diálogo entre especialistas. En cualquier caso podemos encontrar algunos ejemplos de su aplicación fundamentalmente en la lengua inglesa, que es en la que el propio Bloomfield dejó escritas algunas aplicaciones.

Por ejemplo, el verbo andar o pasear en inglés, «(to) walk», no podría funcionar como agente en circunstancias normales, pero sí podría hacerlo su forma abstracta «(a) walk» (un paseo): «A walk a day will keep you healthy» («un paseo al día te mantendrá sano»).

De una forma más general, lo abstracto aplicado a la lingüística suele hacer referencia al tipo de sustantivo que se opone al sustantivo concreto, entendido éste como aquél que hace referencia a elementos materiales o tangibles, como la madera, una mesa, o una persona. En cambio, el sustantivo abstracto es aquél que hace referencia a cualquier elemento inmaterial, intangible y/o creado únicamente a través de la inteligencia y la imaginación, imperceptible mediante el uso de los sentidos. Sustantivos abstractos son, así, el amor, la felicidad, la libertad, la política, etc.

Algunos lingüistas han aplicado a su vez el término abstracto a ciertos tipos de verbos. En particular, se utiliza esta designación para, desde algunos contextos, denominar al verbo copulativo ser cuando cumple en la oración la función de atributo. Si se piensa detenidamente, se trata del mismo razonamiento que nos lleva a considerar abstractos los sustantivos antes citados: cuando ser aparece con su función de cópula no porta ningún significado concreto: se limita a unir el sujeto con el predicado nominal, sin referirse a acción alguna. Por ejemplo:

«El niño es alto»

En esta oración, el verbo ser carece de significado y aporta únicamente una forma de unir el sujeto (el niño) con su atributo (alto). Aquí, ser actúa como un verbo abstracto.

Algunos expertos llaman a este fenómeno verbo abstracto.