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Complemento directo

Publicado por Pablo

En el predicado de una oración suelen aparecer diferentes elementos que interactúan entre sí, pero de entre su diversidad podemos distinguir dos de ellos que son básicamente distintivos e insustituibles: el núcleo verbal y sus complementos. De estos dos ingredientes están hechos todos los predicados. El primero es, en realidad, el único que debe aparecer siempre. El núcleo, es decir, el verbo, la acción, es el corazón del predicado. El segundo grupo está compuesto por muchos subgrupos. Hoy vamos a tratar uno de ellos, concretamente, el complemento directo del verbo.

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No nos equivocaríamos si dijéramos que el complemento directo es el más importante de todos los complementos. No en vano es el que más suele aparecer en la mayoría de las oraciones. En cualquier caso, antes de seguir tratemos de esbozar una definición, y luego la veremos más detalladamente con algunos ejemplos.

El complemento directo también se puede llamar a veces objeto directo, y se caracteriza por ser el elemento del predicado que recibe en primer lugar la acción del núcleo verbal. Es decir, que en caso de que existan más de un complemento (cosa por otra parte muy habitual), se produce de forma orgánica y espontánea una jerarquización entre todos ellos, siendo el complemento directo el más importante de todos ellos. En seguida volveremos sobre esta idea; antes vamos a ver algunos ejemplos:

Estoy leyendo este libro
¿Quieres un café?

En las oraciones anteriores, tanto “este libro” como “un café” están recibiendo la acción verbal; “estar leyendo” en el primer caso, “querer” en el segundo. Como decíamos antes, si añadiéramos más complemento, por ejemplo de tipo circunstancial, estos estarían por debajo de los complementos directos en la escala de importancia, o lo que es lo mismo, serían prescindibles sin que la oración perdiese su contenido fundamental. Por ejemplo, si dijéramos “estoy leyendo este libro con mucha rapidez”, o “¿quieres un café ahora mismo?”, estaríamos añadiendo información circunstancial al verbo, de modo en el primer caso, de tiempo en el segundo. Sin embargo, podríamos suprimir esa información y la frase seguiría siendo “ella misma”. En cambio, no podríamos quitar los complementos directos y dejar sólo los circunstanciales, pues la frase se quedaría sin su sentido original.

Una buena manera de reconocer rápidamente el complemento directo de una oración es tratar de sustituirlo por el pronombre “lo”. Por ejemplo, nuestras frases anteriores podrían decirse así:

Lo estoy leyendo (este libro)
¿Lo quieres? (un café)

Si una vez hecha esta sustitución la oración aún conserva sentido, como en estos casos, entonces sabemos que el sintagma sustituido constituye un complemento directo.

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