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El vocativo

Publicado por Pablo

El vocativo es una herramienta gramatical que se emplea para invocar (de ahí su nombre), nombrar, llamar o captar la atención de una persona -o bien de un animal o cosa personificados- cuando se hace referencia a ella.

El vocativo puede -y suele- ser el nombre propio de una persona, de forma que lo utilizamos muy a menudo, como cuando decimos:

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Ven aquí, Juan;
Estate quieto, Pedro; o
¿Qué comida vas a pedir, Teresa?

En todos esos casos llamamos a la persona en cuestión por su nombre propio, para que no haya duda posible de a quién nos estamos refiriendo.

Pero no sólo nombres propios pueden ser vocativos. En realidad, es aún más común que nos dirijamos a otras personas por nombres comunes, tanto de tipo familiar o cariñoso, como de tipo profesional o social. Echemos un vistazo a los siguientes ejemplos:

¡Qué bien nos lo pasamos ayer, colega!;
¿Qué te pasa, cariño?;
¿Cómo ha ido el día, mamá?;
¿Qué debo hacer, doctor?; o
Lo que usted diga, señor

En todos los casos anteriores estamos invocando a una persona concreta, si bien no necesitamos hacer referencia a su nombre propio. Los tres primeros (colega, cariño, mamá) son acepciones personales adecuadas a un contexto de amistad, de pareja, o de familia. Los dos últimos ejemplos son en cambio ejemplos de tipo profesional.

En cuanto a la posición del vocativo en la oración, hemos de decir que puede ir en cualquier lugar; tanto al principio, como en mitad de la oración, como al final de la misma. Tiene, eso sí, la particularidad de ir siempre -excepto si tenemos intenciones poéticas- rodeado por comas. Al ser un elemento con intención externa a la propia oración, y por lo tanto interrumpir el fluir de la misma, es normal que hagamos una pausa gramatical al pronunciar el vocativo.

Cuando va al principio de la oración puede, no obstante, ir seguido de dos puntos y no de una coma («Juan: haz la comida»).

En algunos casos, el vocativo no se presenta sólo sino que se acompaña de alguna partícula que lo hace ser despectivo o cariñoso. Es el caso de «so», que suele añadir cierta connotación de desagrado («Compruébalo si no te fias, so listillo«); o de «mi» y «mío», que añaden cercanía y afecto a ciertos vocativos («Aquí lo tienes, cariño mío«, o «Dime algo, mi tesoro«).

El caso de «mi» también puede utilizarse para evidenciar la jerarquía en una cadena de orden, como en el ámbito militar («Mi capitán«).

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