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Églogas segunda y tercera, de Garcilaso de la Vega

Publicado por Aroa Plaza


Ya en el artículo de ayer nos acercamos a las Églogas de Garcilaso de la Vega, en él vimos qué era una égloga y las características de la primera escrita por este autor (puede releerlo pinchando en este enlace: Égloga primera, de Garcilaso de la Vega). Hoy, por tanto, vamos a centrar nuestra atención en las otras dos églogas que Garcilaso nos dejó como parte de su obra. Comencemos:

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a) Égloga segunda.

Esta Égloga, escrita en el año 1534, es la más larga de las tres que compuso Garcilaso, consta de 1885 versos. Su forma dialogada y la acción que en ella se desarrolla la acercan, en cierta manera, al teatro. En su estructura, Garcilaso emplea la estancia, los tercetos encadenados y el verso endecasílabo con rima interna. Esta vez son tres los pastores que intervienen el poema (Albanio, Nemoroso y Salicio) y una pastora (Camila). Al igual que la primera, está dividida en dos partes:

Primera parte: donde el pastor Albanio relata los amores entre él y su prima Camila. Este no es correspondido y los otros dos pastores, Nemoroso y Salicio, formulan una serie de palabras que tratan de consolar al desdichado Albanio. En esta parte destaca la emulación, que hace Salicio, del conocido Beatus ille del poeta latino Horacio.

Segunda parte: se desarrolla a partir del verso 1154 hasta el final del poema. Aquí, el pastor Nemoroso realiza un largo parlamento sobre el mago Severo (preceptor del duque de Alba), el viejo Tormes y la Casa de Alba, destacando a través de una larga enumeración sus virtudes y la heroicidad de sus miembros.

b) Égloga tercera.

Esta es la última égloga escrita por Garcilaso y está compuesta en octavas reales. El escritor dedica el poema a la esposa de su protector y amigo Don Pedro de Toledo, llamada Doña María Osorio Pimentel. Para la composición de esta pieza, Garcilaso busca inspiración en los sentimientos que le produce la muerte de su amada Isabel Freyre, quien murió en el parto de su tercer hijo probablemente en el año 1533 o 1534. En esta égloga la importancia de la mitología grecolatina es muy fuerte, pues para expresar su dolor Garcilaso recurre a los mitos de la antigüedad en los que se cuentan amores frustrados y desgraciados.

En ella, se nos cuenta cómo unas ninfas buscan, a orillas del Tajo, un lugar hermoso donde deleitarse y realizar sus labores. Cada una de las ninfas que aparecen en la égloga tejerá una historia de la mitología clásica que cuente un amor desdichado. Así, vemos en sus labores los amores de Orfeo y Eurídice, el de Venus y adonis y el de Dafne y Apolo; mientras que la última de ellas tejerá la historia de amor de Elisa y Nemoroso, equiparándola así a los grandes amores de los mitos.

Hacia el final de esta Égloga se puede ver la influencia que el escritor napolitano Sannazaro ejerce sobre Garcilaso, cuando los pastores Tirreno y Alcino recitan alternativamente una serie de versos ensalzando y alabando la belleza y las virtudes de las pastoras Flérida y Filis.

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