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Tiempo verbal

Publicado por Pablo

El tiempo verbal representa uno de los principales paradigmas en los que se divide la conjugación verbal de cualquier lengua flexiva. Si la conjugación verbal tiene en cuenta aspectos relacionados con el aspecto, el modo y otras propiedades, el tiempo es aquella que añade información temporal al contenido semántico que contiene el verbo.

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El tiempo verbal añade información sobre la temporalidad de la acción verbal, pero no hay que confundirlo con el tiempo físico. El tiempo del que nos informa el verbo es simplemente una representación, un modo de ordenar cronológicamente los contenidos transmitidos en la oración. Es tiempo lingüístico, y sirve para situar lo que se dice en relación con cuando se dice, con el momento presente en que se dice.

El tiempo verbal puede ser de dos tipos: tiempo absoluto o tiempo relativo. Así, cuando el tiempo verbal es de tipo absoluto, los acontecimientos del discurso se orden en función de su relación con el tiempo actual —físico—, pudiendo ser pasado absoluto o futuro absoluto. Cuando hablamos en tiempo absoluto, entonces, situamos el presente físico como punto de partida, y en comparación con este punto decimos que los eventos fueron —si son anteriores, si son pretéritos— o serán —si aún no han sido, si son futuros—. Así, todo lo que ocurrió pertenece al tiempo pasado, y todo lo que ocurrirá pertenece al tiempo futuro. El tiempo verbal presente formas destinadas a establecer la distancia del tiempo absoluto: por ejemplo, el pretérito perfecto compuesto nos informa de que la acción se produce muy cerca del momento presente (como en “hoy he almorzado pronto”).

En cambio, cuando el tiempo verbal es de tipo relativo, los acontecimientos del discurso se ordenan en función de otra información aportada por el discurso mismo: así, pueden ser anteriores o posteriores a un evento situado en el tiempo por el propio discurso, es decir, fueron o serán anteriores o posteriores a dicho evento. El tiempo relativo no se opone al tiempo absoluto, sino que aparece en determinadas circunstancias lingüísticas. Normalmente, estas circunstancias tienen que ver con la aparición de oraciones subordinadas, de manera que el tiempo de la oración subordinada es presente, pasado o futuro en función de su relación con la oración principal: si es anterior, posterior o contemporánea a ésta. Por ejemplo, “cuando el hombre despertó, sus compañeros ya se habían marchado”. Aquí, la oración subordinada “ya se habían marchado” se produjo antes que la oración principal, de forma que, primero, “los compañeros se marcharon” y, después, “el hombre despertó”. El punto de fijación temporal lo da la primera oración, y no es el momento presente sino en el momento en que “el hombre despertó”.

El tiempo verbal no suele ser el único caracterizador de la conjugación verbal. Generalmente, actúa en consonancia con el modo y con el aspecto verbal, formando un tándem conjugador que se conoce normalmente como TAM (Tiempo + Aspecto + Modo).

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