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Desayuno en Tiffany’s de Capote

Publicado por A. Cerra

Fotograma de la película Beakfast at Tiffany’s

De toda la producción literaria de Truman Capote, cuyo nombre real fue Truman Streckfus Persons, hay dos obras que destacan especialmente. Una de ellas es libro A sangre fría, con la que inauguró un nuevo género, la novela de no-ficción, que con el paso del tiempo ha tenido infinidad de seguidores, tanto entre los autores como entre los lectores.

Y la otra gran obra maestra de Capote sin duda alguna es Desayuno en Tiffany’s. Una novela corta que le sirvió para crear su personaje más redondo y querido: la joven Holy Golightly.

Esta chica, cuya tarjeta de visita simplemente la identifica como “viajera”, en realidad es la seducción en persona. Y aunque no sea la más bella de la ciudad de Nueva York, tiene una atractivo natural que le permite vivir de ello. Incluso se supone que ha rechazado una prometedora carrera en Hollywood para vivir de forma mucho más libre en la noche de la Gran Manzana, donde suele acudir ante el escaparate de la famosa joyería Tiffany’s a desayunar.

Lo cierto es que vive de lo que le dan los hombres con los que acude a fiestas y clubs de moda. Para ello su carácter es una singular mezcla entre lo auténtico, la pose y la astucia. El objetivo es darle a cada uno lo que necesita, y hay que tener en cuenta que entre sus compañías aparecen los más peculiares personajes.

Por ejemplo, uno de ellos es un mafioso al que Holy visita regularmente mientras está preso en la cárcel de Sing Sing. Otro es un millonario de ideología fascista y por supuesto muy caprichoso, además de generoso en sus regalos. Y desde luego que también algunos de esos hombres están enamorados de ella, como un viejo barman.

Pero ella procura vivir al día, sin atarse a nada ni nadie, y de alguna manera sin sentirse tampoco valorada en exceso. Aún así es alguien fascinante y así nos la presenta el narrador de la novela, que es un joven escritor que también cae rendido a los encantos de la joven, y solo es capaz de escribir de ella con el paso de los años.

En definitiva, esta obra es una obra culmen de Capote, en la que usa una narración directa, evocativa, tan seductora para el lector como el propio personaje. Y también tiene mucho de cinematográfica, disciplina artística que le fascinó toda su vida a Capote. Para el cine escribió varios guiones originales o adaptaciones de obras de grandes literatos estadounidenses como Henry James o Francis Scott Fitzgerald. E incluso participó como actor en alguna ocasión.

Además la relación entre su novela, publicada en 1958, y la película homónima dirigida por Blake Edwards en 1961 queda como uno de los mejores ejemplos de lo que supone una gran adaptación cinematográfica de una gran obra literaria, algo que no siempre se ha cumplido a lo largo de la historia del celuloide. Porque es imposible no leer hoy en día el libro de Capote, y que mentalmente no le pongamos a su protagonista el rostro y la figura de la actriz Audrey Hepburn.