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El cuadro de costumbres

Publicado por Aroa Plaza


El momento álgido del costumbrismo en España se produce en el siglo XIX durante el Romanticismo. La observación meticulosa y concienzuda de aquello que ocurre en la vida cotidiana, unida a veces a una intención moralizante, es la clave de este tipo de literatura. Los escritores que se decantan por esta tendencia literaria muestran, pues, un profundo interés por plasmar en sus obras la realidad de lo que les ha tocado vivir, las cuales son muestras de aquellos cambios que la sociedad sufre en esa época.
Una de las características que diferencia al cuadro de costumbre de otros modelos narrativos como la novela o el cuento es la inexistencia de una trama y la falta de una estructura concreta, estas obras son una especie de estampa en la que los personajes no sufren cambios.

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La existencia de los periódicos hace posible la aparición de los cuadros de costumbre s como pequeñas notas que describen de forma satírica la sociedad de la época. Con un enfoque ameno y entretenido, los autores ponen en tela de juicio cuestiones políticas, sociales, económicas, etc. Algunos periódicos del momento se especializaron en este tipo de literatura, como por ejemplo El Pobrecito Hablador, dirigido por Mariano José de Larra, o el Semanario Pintoresco Español, al cargo de Mesonero Romanos.

En el género del cuadro de costumbres encontramos escritores de distintas ideologías, unos se acercan más a posturas conservadoras y otros tienden al progresismo; pero ambos grupos muestras esas posturas en sus escritos. Como autor de cuadros de costumbres progresista tenemos la figura de Larra, quien en sus obras buscaba siempre la renovación y el cambio en el panorama político y cultural desde una postura crítica.

Varias son las tendencias que podemos distinguir en el costumbrismo español. Veamos:

1. El costumbrismo satírico.
Este tipo de costumbrismo se basa en la sátira de tipo moral y emplea con frecuencia la figura retórica de la hipérbole con el fin de hacer caricaturas de la sociedad. Es el costumbrismo que busca el establecimiento de costumbres novedosas. Larra es uno de sus principales representantes.

2. El costumbrismo político.
Los autores que cultivan este tipo de costumbrismo se sitúan al lado de un grupo social concreto. En su labor encuentran una serie de obstáculos, ya que el gobierno ejercía la censura sobre sus obras. También en esta vertiente destaca Larra.

3. El costumbrismo puro.

Este costumbrismo no se preocupa por la moral ni por la política y sencillamente son cuadros de costumbres de carácter satírico en los que la ironía se emplea de forma magistral.

Junto con Mariano José de Larra, Serafín Estébanez Calderón y Mesonero Romanos fueron los principales representantes del costumbrismo español.

Esteban Calderón empleó el pseudónimo “El solitario” para firmar sus artículos, que fueron recogidos en una obra titulada Escenas andaluzas en el año 1847. Los paisajes y las costumbres de las tierras andaluzas desde una perspectiva humorística es lo que el autor muestra en ellos.

De Mesonero Romanos se ha dicho que es el escritor costumbrista más relevante. El pseudónimo escogido por este autor fue el de “El curioso parlante” y su creación más importante lleva el título de Escenas matritenses, donde refleja cómo era la sociedad madrileña de aquel entonces.

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