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Gustave Flaubert

Publicado por Pablo

Hijo de un cirujano, el joven Gustave fracasó en sus estudios de derecho y se dedicó por completo, desde entonces, a su gran pasión: la literatura. Tanto le apasionaba que renunció a todo lo demás, incluso a su amada; tal afán tenía por escribir. Buena parte de su vida la vivió con sus padres, preocupado únicamente por cultivar su gusto por las letras, rutina que sólo rompió para emprender un viaje por Egipto y Turquía junto con un amigo suyo.

Flaubert

Dedicó cinco años de su vida a escribir su obra maestra, Madame Bovary (1856), obra por la que sería acusado –y procesado- de ofender la moral pública con “un realismo vulgar y a menudo ofensivo de la pintura de los caracteres”. Al final fue absuelto.

En su siguiente novela, Salambó, para cuya documentación incluso se trasladó a Túnez, quiso dar rienda suelta a las pasiones y al exotismo, en contraste con la contención de las pasiones de Madame Bovary. En si siguiente obra, La educación sentimental, en la que cuenta la vida y la educación amorosa de un joven, abandonó los ambientes exóticos y reemprendió una historia que había dejado aparcada antes de emprender su exigente obra maestra. Unos años más tarde publicó La tentación de San Antonio y una recopilación de Tres cuentos.

Flaubert fue un autor extraordinariamente influyente, pero no sólo en su época sino, sobre todo, en los autores del cambio de siglo y hasta en los del propio siglo XX. Su intención era borrar cualquier huella que pudiera dejar el escritor en la narración de la novela. Así pretendía lograr la máxima objetividad sin que interviniera la opinión de ningún elemento externo a la propia historia. A pesar de ello, renegaba fuertemente de la propia novela realista, cuyos presupuestos sin embargo parecía asumir. Según solía decir, “el arte no es la realidad”, y uno de sus principales motivos que le impulsaban a escribir era, precisamente, el de huir de un mundo “sucio y estúpido”.

Todas sus obras tenían, a pesar de ello, la realidad como punto de partida. Por ejemplo, tanto en La educación sentimental como en Madame Bovary, Flaubert quiso ver realizados en la ficción sus sueños de conquista de una mujer casada de la que él se había enamorado. Era muy lento trabajando, y tal era su obsesión con la perfección que a veces sólo escribía una novela por página. Así quería mostrar que no existían temas buenos o malos para la literatura, sino que todo radicaba en la forma de escribirlos.

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