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Luis de Góngora

Publicado por Pablo

Luis de Góngora nació en Córdoba en el año 1561, y decidió utilizar el apellido de su madre, Góngora, por su mejor eufonía y por su predilección por las palabras esdrújulas, o al menos eso es lo que se cuenta. Se fue a estudiar a Salamanca, aunque no terminó ninguna carrera completa, pues sólo estaba interesado por la literatura y el juego.

Luis de Góngora

Sus primeros poemas están fechados en 1580. Aunque no tenía vocación alguna, fue investido canónigo en su ciudad natal, pero pronto sería acusado de renunciar a sus labores en la catedral, de charlar en vez de rezar y de asistir a corridas de otros, vedadas a los miembros del clero.

Poco después inició una serie de viajes que le permitieron introducirse entre la elite literaria y las clases aristocráticas, ambientes en los que se sentía muy cómodo. Desde entonces se instaló en Madrid, y buscó siempre la protección de los más poderosos, como el Conde Duque de Olivares, que ascendió al poder en 1621.

Deseoso de vivir como un gran señor, y aficionado al juego por encima de todas las cosas, acabó siendo perseguido por no pagar sus deudas y hubo de volver a Córdoba en 1627, donde murió ese mismo año.

Góngora concebía sus poemas como pruebas de ingenio y de imaginación. En su primera etapa, sus rasgos culteranos son mucho menores, pero a partir de 1610 acentúa su hermetismo al intensificar gravemente sus artificios formales. Empleaba abundantes figuras retóricas como exaltadas metáforas, cultismos y latinismo, referencias mitológicas, voces sonoras, estructuras sintácticas rebuscadas, etcétera.

De esta manera pretendía realzar el lenguaje poético, acercando el vocabulario y la sintaxis del español a las del latín. El culteranismo tenía, pues , una voluntad bien clara de desarrollar una estética propia que, además, estuviera reservada a una selecta minoría de eruditos. Por ello fue rechazado por muchos contemporáneos, y su elitismo le valió numerosas críticas tanto de colegas como de personas ajenas al mundo literario. Sólo después de su muerte se le reconocieron a Góngora todos sus méritos.

En cuanto a la cuestión temática, el poeta cordobés solía recurrir con frecuencia a los motivos mitológicos, ya que eran conocidos ampliamente, y ello le permitiía una mayor libertad formal. Éste es el caso de una de sus obras cumbre, la Fábula de Polifemo y Galatea, en la que cuenta los amores de los citados personajes. Su otra gran obra fue Soledades, aunque no se ha conservado íntegramente. Allí, en todo caso, describe con gran detalle elementos como los campos, las selvas o las riberas, forzando el lenguaje hasta extremos nunca antes vistos.

El nombre de Góngora quedó recuperado definitivamente para la literatura española, y resituado en el alto lugar que se merece, gracias a la labor de los miembros de la Generación del 27 –Lorca, Alberti, Diego y Alonso- que, en el tricentenario de la muerte del poeta cordobés, hicieron una impagable labor para reivindicar la obra de uno de los más grandes poetas que ha tenido nuestra lengua.

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