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Los adjetivos personales

Publicado por Pablo

Existe un grupo de adjetivos, que podemos denominar personales o nominales, del todo particular, pues la mayoría de ellos no figuran en ningún diccionario, y, es más, nacen casi por expreso deseo del escritor o hablante. Se trata de adjetivos que se forman por la derivación de un nombre propio, es decir, que pueden englobarse entre los que nacen por la adjetivación de un sustantivo original.

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La particularidad de estos adjetivos personales es, como hemos dicho, que ese sustantivo original es un nombre propio. Existen otros adjetivos bastante conocidos que se forman de la misma manera: son los gentilicios. Con ellos ocurre que de Brasil, Argentina y Francia nacen los adjetivos brasileño, argentino y francés. En el caso de los adjetivos personales, de un nombre (de hecho, normalmente de un apellido) como Kafka, Goya o Cervantes se forma un adjetivo como kafkiano, goyesco o cervantino. Algunos de estos adjetivos consiguen expandirse más allá de su reducido significado original (lo referente a las personas de las que surgen), y pasan a usarse de una forma más amplia. Es el caso de kafkiano, que se usa de forma algo más extendida para decir de algo que es complicado, retorcido y oscuro.

Sin embargo, como decíamos al principio, el número de estos adjetivos es técnicamente ilimitado: pueden formarse tantos como nombres y apellidos existen. Ocurre que por lo general se emplean únicamente para designar elementos relacionados con personajes de cierta fama o importancia en el contexto en el que se esté trabajando. Y, de hecho, en el ámbito académico o universitario de los artículos científicos y los libros especializados, suelen encontrarse con bastante frecuencia adjetivos del tipo smithiano (por Adam Smith), ciceroniano (por Cicerón), maquiaveliano (por Maquiavelo, quien en un alarde de fertilidad lingüística, también aporta el más conocido maquiavélico), jeffersoniano (por Thomas Jefferson), mozartiano (por Mozart), adrianeo (por Adriano) o hegeliano (por Hegel).

Por lo general, será muy difícil encontrar un adjetivo de los anteriores en un ámbito que no sea culto (excepto el citado maquiavélico). Pero eso no significa que no existan otros adjetivos personales bien conocidos por cualquiera. Por ejemplo, los religiosos: cristiano (por Cristo) budista (por Buda) o mahometano (por Mahoma). Especialmente prolíficos son los políticos, como chavista (por Chávez), herrerista (por Herrera), peronista (por Perón), o franquista (por Franco), sin olvidar otros aún más extendidos, como marxista (por Marx) o leninista (por Lenin).

Más allá de la política y los movimientos de masas, son pocos los personajes que han consiguido legarnos unos apellidos adjetivados bien conocidos. Entre ellos habría que citar los tres mayores filósofos griegos, Sócrates, Platón y Aristóteles, que nos dejaron socrático, platónico y aristotélico, al también filósofo y escritor italiano Dante Alighieri, que nos dejó el tenebroso adjetivo dantesco, al citado Maquiavelo (cuya derivación maquiavélica distorsionó tanto su conocimiento que llevó a los académicos a crear otro para ellos, naciendo así maquiaveliano), y, ya en la modernidad, tal vez sólo lleguen a ese nivel Kant y Kafka, cuyos kantiano y kafkiano son también bien conocidos.

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