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La lengua como sistema de signos

Publicado por Pablo

La más trascendental aportación de Saussure –dejando a un lado la distinción tripartida entre “lenguaje, lengua y habla”, así como la distinción procedimental entre “sincronía y diacronía”- fue su concepción del lenguaje como un sistema de signos, concepción que dio lugar a la aparición del estructuralismo lingüístico contemporáneo.

Sistema de signos

Entendemos por sistema un “conjunto de cosas que dependen unas de otras”, simplemente. La concepción tradicional del lenguaje era atomista, y pensaba que el número de signos del lenguaje estaba indefinidamente abierto: podían aparecer unos y desaparecer otros, sin que eso afectara a la lengua como tal. A lo sumo, y porque los mismos hechos imponían la evidencia, se describían como pequeños subsistemas las formas verbales, ciertas series de pronombres, como los personales, los posesivos y los demostrativos, bien organizados, con un número fijo de formas que no puede alterarse. Pero no se caía en la cuenta de que todas las zonas de la lengua estaban igualmente estructuradas en subsistemas que, juntos, constituían un sistema total. Y así, al llegar a hablar de los pronombres indefinidos, por ejemplo, las gramáticas enumeraban unas cuantas formas –algo, alguien, cualquiera, alguno…- y añadían un “etcétera”, como si se tratara de una clase abierta de palabras sin límites precisos.

He aquí la genialidad de Saussure, que consistió en señalar que toda la lengua constituye un sistema –es decir, un conjunto de signos relacionados entre sí-, y que los signos son interdependientes. Presentó su idea de un modo intuitivo: los elementos lingüísticos mantienen un equilibrio parecido al que guardan las piezas del ajedrez en un momento de una partida –esto es, en una “sincronía”-. Si se cambia el lugar de una pieza, este equilibrio se altera y se pasa a un sistema totalmente diferente. Así pues, podemos enunciarlo de la siguiente manera: “cada movimiento diacrónico da origen a una sincronía nueva, en la que el conjunto de las piezas que componen el sistema mantienen un equilibro interdependiente, pero distinto del que guardaban en el estado anterior.

La interrelación sistemática que existe entre todos los elementos de la lengua se produce por el hecho de que cada uno de ellos posee un valor que los opone a los demás signos. Así, por ejemplo, la calificación de notable sólo tiene sentido por su situación en el subsistema léxico de las calificaciones, que la agrupa entre aprobado y sobresaliente. El “valor” de cada signo no es, pues, algo que resida en sí mismo, sino en lo que lo opone a los demás, y así lo diferencia. El sistema lingüístico queda estructurado merced a las oposiciones que mantienen los signos entre sí.

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