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La lingüística histórica

Publicado por Pablo

Para comprender qué supuso la revolución lingüística de Saussure, tenemos que examinar –además de la gramática histórica– un importante plano de referencia. En efecto, la gramática, como mera descripción y clasificación de hechos, había caído en descrédito a lo largo del siglo XIX. Se ponía en duda su carácter científico, ya que carecía de leyes. Estas son sólo posibles cuando existe regularidad en los fenómenos observados; pero todo en el lenguaje parecía ser anómalo, irregular y asistemático.

Lingüística histórica

La teoría gramatical parecía definitivamente agotada o, por lo menos, no resultaba atractiva en una época de grandes hallazgos y progresos en las ciencias naturales. Quienes se sentían atraídos por el estudio del lenguaje tenían frente a sí otros problemas mucho más seductores, problemas que admitían un tratamiento “científico”.

A finales del siglo XVIII, varios investigadores habían descubierto el sánscrito, que era pariente del griego y del latín. Comienza entonces una febril actividad, que se desarrolla a lo largo de todo el siglo XIX, y que termina alumbrando una Gramática comparada. Consistía en comparar entre sí lenguas próximas y remotas, con el fin de entender sus parentescos y familias. Fue de este modo como se estableció, por ejemplo, la gran familia de las lenguas indoeuropeas, derivadas todas ellas de un primitivo idioma desaparecido.

La fase meramente comparatista dejó pronto paso a otra de la mayor rango científico. Se observó que entre los sonidos de las palabras equivalente de las lenguas de una familia, había correspondencias constantes. Jacobo Grimm (1822) descubrió que las lenguas germánicas tenían una F en posiciones donde otras lenguas indoeuropeas tenían una P, y que tenían una P donde las otras tenían una B, etcétera.

Estas regularidades permitían establecer leyes de correspondencia entre unas lenguas y otras, así como leyes de evolución entre una lengua y sus dialectos. Observaciones y leyes de este tipo vinieron a conferir a la lingüística el ansiado carácter científico que buscaba, y que no se advertía en la gramática tradicional. Los lingüistas podían ya codearse sin rubor con los investigadores de la naturaleza, identificarse con ellos. Con este afán, los llamados neogramáticos formularon un principio que daba a las leyes fonéticas la misma regularidad que a las leyes naturales.

Lanzados entonces a descubrimientos espectaculares en el parentesco de las lenguas y en las correspondencias históricas entre ellas, armados con el poderoso instrumento científico de las leyes fonéticas, los lingüistas abandonaron toda investigación sobre el lenguaje que no fuera evolutiva. La gramática se abandonó, pues consiste en el estudio de una lengua al margen de consideraciones históricas. Un eminente lingüista alemán, Hermann Paul, llegó a escribir en 1880 que “el único estudio científico del lenguaje es el método histórico”.

A este estado de cosas vino a poner fin Ferdinand de Saussure, quien restableció la dignidad científica de la gramática no histórica, y la dotó de unos poderosos supuestos históricos que le dieron alas para emprender de nuevo su vuelo milenario.

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