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Variedad diastrática

Publicado por Lourdes

La variedad diastrática o social de la lengua es aquella que puede existir entre diferentes grupos sociales como pueden ser, por ejemplo, los jóvenes y los adultos, los cultos de los incultos, etcétera.

Si partimos de hacer un análisis desde el punto de vista lingüístico, podemos hacer la siguiente distinción: nivel culto, nivel coloquial (o medio) y nivel vulgar. Esta clasificación está directamente relacionada con el nivel cultural de las personas que hablan una lengua, pero, debemos tener en cuenta que, una persona que entraría dentro del grupo de nivel culto, puede cambiar éste automáticamente dependiendo de la situación concreta en la que se encuentre, ya que, por ejemplo, no se habla de la misma forma con personas con las que se tiene una relación más íntima y estrecha, que con un organismo oficial, y tampoco en una situación de broma que en un acto oficial, por esta razón la clasificación que hemos mencionado con anterioridad no es hermética, sino más bien, abierta.

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El nivel culto de la lengua podríamos entenderlo como el punto que marca la norma de la corrección idiomática.
Ej. La historia es una concatenación de acontecimientos.

El nivel coloquial, por su parte, haría referencia a aquel que no está marcando la norma de corrección socialmente.
Ej. En cuanto lleguemos nos haremos la cena.

Y, por último, el nivel vulgar sería aquel que marca la norma de corrección de manera incorrecta.
Ej. Me se calló el libro de las manos.

Pero existen ciertos errores lingüísticos que, por la extensión de su uso, han llegado incluso a los grupos de personas que pertenecen al nivel culto del lenguaje y, es por esta razón que resulta bastante complicado clasificarlos en coloquialismos o vulgarismos. Un ejemplo claro de esto sería el “dequeísmo” que es utilizado por políticos y por -periodistas reputados de la radio y la televisión. Por su naturaleza debería considerarse un vulgarismo, ya que está utilizando de manera incorrecta las normas del lenguaje, sin embargo, al extenderse su uso a tales dimensiones, se consideraría hoy en día como un coloquialismo.

Por lo tanto, es bastante usual que las personas cultas utilicen de vez en cuando algún que otro coloquialismo, pero eso sí, tan sólo en lenguaje oral, ya que el lenguaje escrito es por excelencia, la máxima expresión del lenguaje culto, ya que su autor tiene el tiempo suficiente para pensar y elegir correctamente los términos y reglas ortográficas que va a utilizar.

Existen también muchas incorrecciones o vulgarismos que se han extendido al lengua coloquial que incluso han llegado a aceptarse como válidas en el lenguaje escrito. Un ejemplo claro de esto sería el uso de la forma imperativa del verbo para realizar un imperativo, ya que en más de un cartel habrás visto la expresión “No fumar”, cuando en realidad su forma correcta imperativa debería ser “No fumen”. Otro caso común también es el de añadir la ese a la segunda persona del singular del pretérito perfecto simple del indicativo: “tú comistes” en lugar de “tú comiste” que sería la forma correcta de hacerlo.

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