Lengua

Inicio Literatura Cuentos infantiles (II)

Cuentos infantiles (II)

Publicado por Lourdes

velaEn el artículo de hoy, al igual que en el de ayer, te resumiremos el contenido de algunos cuentos infantiles del autor Hans Christian Andersen que no se han hecho tan populares en nuestros días.

Si quieres consultar el artículo anterior puedes pinchar en el siguiente enlace:

Cuentos infantiles

Si por el contrario quieres leer la biografía de su autor puedes acceder a ella pinchando en este enlace:

Hans Christian Andersen

LAS VELAS

En este cuento hay dos protagonistas: una vela de cera y una vela de sebo. La primera pertenece a la clase alta de las velas pues sirve para decorar grandes eventos como fiestas o bailes en casas de gente adinerada y están colgadas en valiosas lámparas de araña. Además iluminaban mejor y su duración era más larga.

La vela de sebo, por su parte, era todo lo contrario, pues duraba e iluminaba poco y se utilizaba para dar luz a las cocinas.

En cuanto a las personalidades, también eran muy diferentes ya que la vela de cera era arrogante y no paraba de presumir de lo valiosa que era, mientras que la de sebo se conformaba con la posición en la que le había tocado vivir.

Un día, los señores de la casa deciden regalar la vela de sebo a una familia muy pobre. Pues bien, al ver la vela la cara de alegría, es decir, todo lo que esos ojos de la niña pequeña iluminaban por la felicidad de tener una vela que les iluminara esa noche, comprendió que es mucho más valioso hacer el bien a la gente que lo necesite que cualquier fiesta o riqueza.

EL CARACOL Y EL ROSAL

Narra la historia de un caracol y un rosal que comparten jardín y viven durante año el uno al lado del otro.

La rosa es alegre, feliz de dar rosas y florecer año tras año y comprobar los cambios que la naturaleza le proporciona durante cada estación.

El caracol, por su parte, es serio, no para de criticar lo aburrida que es la vida del rosal y del resto de criaturas que le rodean como las ovejas y las vacas porque, según él, sólo sirven para dar un sólo producto a lo largo de su vida: rosas, lana y leche, respectivamente. Él por su parte presume de ser un ser que reflexiona mucho sobre la vida y considera que esto tiene mucho más valor que todo lo demás porque no necesita proporcionar ningún producto al mundo, sino que él mismo se proporciona su propio transporte y hogar. Suele repetir la frase de que no le importaba el mundo.

Sin embargo, la rosa era muy feliz y no le importaba lo que le dijera el caracol pues ella había presenciado cuánto la valoraban ya que vio cómo una mujer guardó uno de sus pétalos en un libro de oraciones, u otra decoró su pelo con ella o un niño jugó.

Cuando pasaron los años, tanto la rosa como el caracol desaparecieron y cada uno disfrutó de la vida a su manera.