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La literatura francesa tras las dos guerras mundiales

Publicado por Pablo

Andre MalrouxLa Gran Guerra no sólo condicionó la temática de la literatura posterior, sino que acabó con la vida de grandes autores que no pudieron mostrar todo su talento. A pesar de ello, no hubo reacciones literarias inmediatas a la guerra, tal vez por el trauma surgido del conflicto.

Hubo que esperar algunos años, pero las respuestas fueron múltiples y variadas. De esta forma, Henry de Montherlant, que había sido combatiente y herido de guerra, mostró su obsesión con la degeneración del mundo moderno, y escribió obras en las que ensalzaba los valores masculinos de la guerra –digna-, el deporte y el honor. Por el contrario, Jean Giono, describió los horrores de la guerra de trincheras en su obra Negarse a obedecer, publicada en 1937, es decir, cuando ya se podía intuir el nacimiento de un huevo conflicto. El propio Giono fue encarcelado dos años más tarde, por su feroz oposición a la Segunda Guerra Mundial.

Otro autor que también había participado en el conflicto fue Louis-Ferdinand Destouches, más conocido por el seudónimo de Céline. Su nombre saltó a la palestra cuando, en 1932, se publicó su novela Viaje al fin de la noche, que generó un revuelo generalizado por su lenguaje obsceno y callejero, que rompía todas las convenciones lingüísticas establecidas. La novela, de tintes autobiográficos, cuenta la historia de Ferdinand Bardamu, que participa en el frente de la guerra y descubre allí el caos, el horror y el absurdo de la guerra. Tras ser herido inicia una serie de viajes –como hizo el propio Céline-, y termina estudiando medicina.

Muy distinta fue la vida de André Malraux. A diferencia de los anteriores, Malraux no participó en la Primera Guerra Mundial, pero –quizá para compensarlo- pasó toda su vida persiguiendo el peligro. Su libro más importante fue La condición humana, nacido de su experiencia en la Revolución China. Después buscó Malraux nuevas causas que defender, que le llevaron a la Guerra Civil española, en la que luchó junto al bando republicano al mando de una escuadrilla de aviación. El resultado fue una nueva novela, La esperanza, que muestra un momento de la contienda en el que aún parecía posible la victoria republicana.

En 1940 cayó prisionero de los nazis, pero logró escapar y acabó luchando junto al general De Gaulle. Cuando acabó la guerra y éste –unos años después- alcanzó la presidencia, Malroux fue nombrado Ministro de Cultura.

Céline y Malraux son dos ejemplos distintos de las consecuencias que las dos guerras mundiales tuvieron en la literatura posterior, que quedó absolutamente marcada, directa o indirectamente, por los horrores de ambos episodios.