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Literatura gauchesca

Publicado por Pablo

literatura-gauchesca.jpgEn determinados países de Sudamérica la figura del gaucho es bien conocida. Se trata de un jinete que se ocupa generalmente de cuidar los ganados, de forma nómada o semi-nómada hasta finales del siglo XIX, cuando su actividad hubo de sedentarizarse por la aparición de los alambrados y la propietarización de casi toda la tierra. Es una figura, en todo caso, similar al vaquero norteamericano, al charro mexicano y al huaso chileno, que se aplica fundamentalmente en Argentina, Uruguay, Paraguay, Bolivia y la Patagonia chilena.

La figura del gaucho, en cualquier caso, la recordamos aquí porque ha sido capaz de generar todo un género literario, sobre todo en los países citados anteriormente. Así, existe una «literatura gauchesca» que adopta la forma de hablar y de vivir del gaucho, hace de él su personaje protagonista, y de su entorno -el espacio rural, el cuidado del ganado, etcétera- el ambiente donde se desarrollan sus historias.

Este tipo de literatura, pues, se basa en descripciones de la vida campesina, en su idiosincrasia, costumbres y tradiciones. No está exenta, por supuesto, de un interés -tal vez excesivo, como algunos han criticado- por lo folclórico y lo pintoresco, si bien hace en muchas ocasiones un retrato bastante fiel del campo y de los personajes que lo habitan: indios, negros, mestizos, etcétera. Es importante destacar que los autores de la literatura gauchesca no son gauchos, sino normalmente miembros de las clases acomodadas de las ciudades que se interesan por el campo y la vida rural y tratan de retratar la diferencia entre ambos mundos a través de la literatura.

En lo estilístico, la literatura gauchesca se caracteriza por usar un lenguaje fuera de lo común, donde abundan neologismos tanto como arcaísmos, así como términos utilizados casi exclusivamente por los grupos sociales en los que se sustenta. El monólogo tiene más importancia que el diálogo, y el uso de adjetivos y sinónimos es escaso, en comparación con otras literaturas.

La época de esplendor de esta literatura fue, sin duda, el siglo XIX, cuando abundó especialmente la poesía gauchesca. No hay discusión sobre el título más representativo: se trata de la obra de José Hernández titulada Martín Fierro, cuya primera parte se publicó en 1872 y su segunda, titulada La vuelta de Martín Ferro, en 1879.

La narrativa gauchesca es posterior, y sus mayores representantes fueron Eduardo Gutiérrez, Benito Lynich y Leopoldo Lugones. El primero, en especial, publicó una serie de novelas (entre las que destaca «Juan Moreira») basadas en un gaucho malvado, lo que supuso una innovación y una vuelta de tuerca al género.