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Los hombres son de Marte, las mujeres de Venus

Publicado por Lourdes

venusEn el artículo de hoy de nuestro portal de la Guía de la lengua 2000 nos vamos a centrar en un curioso libro que podría considerarse de autoayuda pero que por la trascendencia que ha conseguido, podría convertirse en una de tus obras de cabecera. Se trata del titulado «Los hombres son de Marte, las mujeres de Venus» del autor John Gray.

La idea sobre la que parte la historia es que, como el propio título de la obra indica, las mujeres y los hombres son seres que no proceden del mismo planeta, sino que en realidad todos los entes masculinos nacieron, crecieron y aprendieron a convivir juntos en el planeta Marte y, del mismo modo, las féminas en otro planeta llamado Venus. Tras unas circunstancias especiales, todos los seres de ambos planetas se vieron obligados a marcharse de su planeta e instalarse a vivir en un nuevo planeta, La Tierra, y como consecuencia, a tener que adaptarse a una nueva vida rodeada de otros seres que no tienen en absoluto nada que ver entre ellos.

A partir de esta genial premisa, el autor comienza a explicar a modo de ejemplos reales, diferentes situaciones en las que suele ser muy común que un hombre y una mujer discutan, no lleguen a un entendimiento o tengan opiniones totalmente opuestas.

Uno de los ejemplos que utiliza para justificar su teoría es el momento en el que un hombre se enfrenta a un conflicto o desafío tan común como el de estar conduciendo y no conseguir llegar al lugar al que pretendía porque se ha perdido o confundido. Pues bien, ante esta situación tan cotidiana, el autor comenta que la manera de actuar de los habitantes de Marte es que intentan solucionar el problema por sí mismos, aunque le cueste la vida en ello, es su objetivo y como tal, es únicamente su responsabilidad y no la de otra persona el solucionarlo, por lo tanto, bajo ningún concepto pedirán ayuda a otro semejante y mucho menos si éste resulta provenir de otro planeta.

Por el contrario, si la habitante de Venus se encontrara al lado de un habitante de Marte ante tal situación, ésta no dudaría ni un segundo en proponer una solución efectiva y útil para resolver el problema, es decir, aconsejar, aconsejar y aconsejar a pesar de que nadie le había pedido ningún consejo.

Este caso sería un claro ejemplo de por qué los hombres se frustran tanto cuando no son capaces de resolver un conflicto y cuando están intentando hacerlo una mujer no para de insistirle con propuestas que nadie ha pedido; y las mujeres, por su parte, también se frustren cuando, a pesar de intentar ayudar al hombre y no parar de aportar ideas que podrían funcionar a resolver el conflicto, no son escuchadas, ni valoradas ni tenidas en cuenta.

Pues bien, el libro continúa muchos más ejemplo del estilo y tras acabar con su lectura te hace pensar que si la premisa de la que parte esta obra fuera cierta, muchas de las situaciones que vivimos de manera cotidiana con el sexo opuesto y que no acabamos de entender tendrían una clara explicación.