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Vladimir Maiakovski

Publicado por A. Cerra

Al hablar de la literatura rusa siempre nos vienen a la cabeza los grandes novelistas como Tolstoi o Dostoievski. Pero hay mucho más, y no siempre dentro del estilo más realista. Un buen ejemplo de ello es Vladimir V. Maiakovski (1893 – 1930), el cual es uno de los grandes representantes de las vanguardias en Rusia, algo que realmente nunca fue muy aceptado en su país, ni antes durante el régimen zarista previo a la Revolución de 1917, ni una vez después que triunfaron las ideas comunistas.

Fotografía de Vladimir Maiakovski

De hecho, aunque Maiakovski se declaró simpatizante de los bolcheviques desde muy joven, sin embargo su arte nunca fue aceptado por ellos, algo que le llevó su temprana muerte con un disparo de pistola en la cabeza.

Antes del triunfo bolchevique, sus planteamientos futuristas y su personalidad exhibicionista ya era un escándalo para una sociedad biempensante. Si bien esa actitud escondía una tristeza y melancolía interior que es palpable desde sus primeros libros: La nube en los pantalones o La flauta vertebrada.

Eso cambió con el triunfo revolucionario, cuando durante un tiempo se dedicó a escribir en un tono mucho más social, con un fin utilitario y también propagandístico de las ideas del nuevo régimen. A ello dedica por ejemplo su obra Ciento cincuenta millones publicada en 1920, donde habla del proletariado y de la conciencia de clase que hará que millones de personas extiendan las ideas comunistas por todo el mundo.

Y ese mismo cariz ideológico tendrán las obras de teatro que hizo: La chinche y Los baños. No obstante, en esta segunda ya critica a los nuevos líderes y la cada vez más ineficaz y farragosa burocracia que se ha creado en el país.

La verdad es que en Maiakovski se da el tono laudatorio de otros muchos escritores rusos de la época, que se adhirieron, o realmente creyeron en las ideas de Lenin. Sin embargo, la calidad de los escritos de este autor es muy superior a la media. Y sobre todo es de un estilo muy rompedor con la tradición. De alguna forma pretendió modernizar la literatura rusa y emparejarla con las vanguardias que estaban teniendo lugar en Europa, e incluso en Estados Unidos.

Pero también es verdad que lo formal fue perdiendo paulatinamente fuerza en sus obras a favor del contenido, ya que acabó plenamente convencido de que la literatura ante todo debía ser útil al hombre. Él se veía a sí mismo como un intelectual del proletariado. Por ello no dudó en integrar el lenguaje más coloquial en sus obras, lo cual fue uno de sus grandes logros.

Sin embargo hay que decir que todos esos ideales, no debieron parecerles suficientes a las autoridades rusas, ya que nunca contó con el favor del partido comunista, especialmente desde la muerte de Lenin y el acceso al máximo poder de Stalin. En fin, que en los últimos tiempos sufrió un constante acoso hacia su persona, hasta que llegó el triste desenlace de su muerte.

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