Lengua

Implemento

Publicado por Pablo

implemento.jpgLa lingüística, como cualquier otra disciplina científica, no es ente detenido, sino que continuamente se interroga a sí misma sobre la idoneidad de los conceptos asumidos. De esta forma, lo que en un tiempo se da por sabido y correcto, en otro tiempo puede ser desplazado cuando una nueva corriente o escuela de estudio aborda los mismos temas desde puntos de vista opuestos, proponiendo nuevos tratamientos y ofreciendo nuevas soluciones.

El implemento, tema que hoy tratamos, es una consecuencia de ello. Es, en realidad, un concepto que podríamos definir como argumento del verbo, y que concuerda, la mayoría de las veces, con otro concepto lingüístico que conocemos como complemento directo u objeto directo del verbo.

Entonces, si ya tenemos una categoría gramatical perfectamente funcional, como es el complemento del verbo, ¿por qué hemos de inventar el implemento? Es un justa pregunta que a continuación tratamos de contestar.

El implemento como nueva nomenclatura proviene de la escuela lingüística funcionalista, cuyo abanderado en España es Emilio Alarcos Llorach. Esta corriente consideró que el complemento directo no explicaba de forma completamente satisfactoria toda la casuística relacionada con el complemento verbal relacionado con la transitividad. Así, si bien muchos complementos del verbo son perfectamente opcionales y secundarios (como el indirecto o los circunstanciales), los verbos transitivos requieren un objeto donde depositar el peso de la acción. El funcionalismo los considera diferentes, y requiere por lo tanto un concepto acorde.

El implemento es por lo tanto el argumento requerido por los verbos transitivos, que sólo puede aparecer en oraciones activas. Cuando la oración es de tipo pasivo, el implemento desaparece y su función la realiza el sujeto.

En castellano, el implemento puede construirse de una doble manera: anteponiendo a un sintagma nominal la preposición «a» (y sólo esta preposición) o no anteponiendo ninguna.

Esta dualidad es una particularidad del idioma español y otra de las causas de la necesidad del implemento frente al complemento directo, en opinión de los funcionalistas. Así, sería implemento tanto «el perro persigue sombras» como «el perro persigue al gato», aunque ambos implementos sean sintagmas de diferente tipo.

El implemento puede ser sustituido en cualquier situación por los pronombres lo, las, los o las, en función de cuál sea su conjugación. Y puede identificarse de la misma manera que se identifica el complemento directo: sustituyéndolo por uno de estos pronombres o bien trasformando la oración a la voz pasiva e identificando el sujeto de la nueva oración.