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Los vulgarismos

Publicado por Pablo

Los vulgarismos son expresiones lingüísticas -ya sean fonéticas, sintácticas o morfológicas- que son consideradas ajenas a la «lengua culta» o a la «lengua estándar». Se trata de expresiones que, en muchos casos, no están aceptadas por las instituciones oficiales dedicadas a dictar los correctos usos de la lengua (como la Real Academia Española, por ejemplo).

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Sin embargo, hay casos en los que los vulgarismos se hacen tan extensos y comunes en la lengua común que sí terminan entrando a formar parte, si no de la lengua culta, sí al menos de la lengua oficial o estándar.

También es habitual que las palabras o expresiones vivan ciclos de exclusión y aceptación a lo largo de los años, de forma que lo que empezó siendo rechazado como vulgarismo termino formando parte de la lengua oficial y, con el paso del tiempo, pase también a formar parte de la llamada lengua culta, ya que ésta es, por lo general, muy reacia a aceptar las innovaciones -especialmente si tienen un origen popular-, y sin embargo bastante más afín a adoptar expresiones cuando ya son más extendidas o, muy especialmente, pasan de moda. La lengua culta es en realidad sumamente elitista y selectiva, en este sentido.

Los vulgarismos vienen a reemplazar, normalmente, a otras expresiones asociadas a la frialdad de lo culto y académico. Cuando triunfan, aquéllas expresiones reemplazadas pasan a llamarse arcaísmos, y se van usando cada vez menos en valor de los nuevos y vigorosos vulgarismos. Normalmente, una lengua vive en un estado de constante evolución, y por doquier se inventan nuevas palabras, usos y expresiones. El hecho de que algunas de ellas se olviden pronto, o ni siquiera lleguen a extenderse lo suficiente, y otras sí lo hagan y terminen triunfando y pasando, con el tiempo, a la lengua común, tiene únicamente causas sociales. El lenguaje, al fin y al cabo, lo hacen los hablantes; y si éstos adoptan un nuevo uso lingüístico este terminará siendo aceptado como válido por las instituciones oficiales de la lengua.

Muchas de estas invenciones provienen de los elementos más jóvenes de la sociedad, que en su afán por distinguirse de las generaciones anteriores son capaces de inventar sus propias palabras. Otras provienen de fusiones con otras lenguas o adopciones de muy distinto tipo. Todas estas innovaciones empiezan por ser vulgarismos, es decir, elementos ajenos a la lengua oficial. Que terminen entrando en ella será cuestión de su éxito social entre la comunidad de los hablantes.

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