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La literatura hebrea después del Antiguo Testamento

Publicado por Pablo

Con posterioridad al Antiguo Testamento, la literatura hebrea se enfocó hacia el estudio y la reflexión, aunque tanto el estudio como la reflexión siguieron girando en torno al libro sagrado de los judíos. Ese continuo estudio dio origen al Talmud (que significa, precisamente, estudio), que se considera el libro más importante del pensamiento hebreo, a excepción del Antiguo Testamento. En esta obra encontramos los temas más diversos: leyes civiles, penales, medicina, matemáticas, historia y religión son sólo algunos de ellos.

Literatura hebrea

Para seguir la evolución de la literatura hebrea hay que ajustarse mucho a la historia del pueblo judío. Cuando Jerusalén cayó en manos de Roma, la comunidad judía empezó su dispersión, entablando nuevas comunidades por todo el Mediterráneo. Así, entre el siglo VII y el IX aparecieron las primeras escuelas y los primeros escritores hebreos en diversos lugares de Europa y en las tierras del Islam. Los judíos encontraron grandes facilidades por parte de las autoridades árabes (más, generalmente, que las que encontraban por parte de las autoridades cristianas) para poder desarrollar su cultura y su arte, lo que permitió a estas comunidades enriquecerse en literatura, en filosofía y en ciencia.

La comunidad que alcanzó mayores cotas estuvo en Al-Andalus. El paso decisivo para el desarrollo de la cultura judía en la Península lo dio Hasday ibn Saprut, médico y diplomático del califa Abderramán III. Este sabio judío creó en Córdoba un centro de estudios talmúdicos que atrajo a muchos estudiosos e intelectuales a esta ciudad, haciendo evolucionar tanto la literatura como el pensamiento hebreo. Aquí nació, por ejemplo, el gran poeta Dunasch ibn Labrat, que cambió la métrica de origen bíblico utilizada hasta entonces por una métrica árabe. Destacó también, en esta época, el malagueño Selomó ibn Gabirol, que escribió tanto poesías sacras como profanas.

Entre la mitad del siglo XI y la primera mitad del XII siguieron surgiendo grandes poetas, y ahora destacan Yehudá ha-Leví y Mosé ibn Ezra, en cuyas poesías aparecen ya temas como los placeres del amor, el vino y la belleza, los jardines, etcétera. En lo referido a la prosa, es destacable la labor de Ha-Leví y su obra El Kuzarí, donde muestra la dialéctica entre un sabio judío, un musulmán y un cristiano.

Esta etapa de esplendor de la cultura hebrea llegó a su fin de forma abrupta, con la entrada de los almohades y los almorávides con su fanatismo religioso. Los judíos se vieron obligados a emigrar a los reinos cristianos, donde hicieron de Toledo su nuevo centro cultural, hasta que fueron expulsados, en 1492, por los Reyes Católicos.

Evidentemente, también florecieron otros centros de cultura hebrea en las demás tierras europeas, pero ninguno fue tan productivo como los de Córdoba y Toledo. A partir del siglo XV, esta preponderancia de los judíos peninsulares pasó a otro lugar. A Italia, concretamente, donde los nuevos y pujantes reinos empezaron a acoger a los mejores representantes de la cultura hebrea. Allí, poetas y escritores le dieron un nuevo impulso a su literatura, con la notable influencia del fenomenal Renacimiento italiano. A partir del siglo XVI floreció un nuevo género que casi no había sido cultivado por los judíos, el teatro, que se ocupó fundamentalmente de la representación de dramas bíblicos y alegóricos.

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