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Rosa Chacel

Publicado por Aroa Plaza

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La escritora Rosa Chacel nació en el año 1898 en la ciudad de Valladolid (España), contrae matrimonio en 1922 con un destacado pintor llamado Timoteo Pérez Rubio, a causa de la guerra civil vive en el exilio en Brasil hasta el año 1976, cuando regresa a su país de origen. Entonces vivirá en la pobreza total y la ciudad que la vio nacer acuerda entregarle una pensión de carácter vitalicio, impidiendo su vuelta al país que la acogió durante el exilio, esto es, Brasil. Finalmente, muere en Madrid en el año 1994.

La primera que obra escrita por la autora es la titulada Estación. Ida y vuelta que se inserta en el llamado arte deshumanizado. Posteriormente, aparece la obra biográfica que la autora escribe sobre la amante del escritor Espronceda titulada Teresa y que supera en calidad a la anterior. Esta obra en la que los rasgos biográficos se mezclan con la ficción ha sido considerada una novela excelente y altamente creativa, igual que aquella otra titulada Memorias de Leticia Valle. Durante su estancia en Brasil junto a su marido vive un momento en el que la creatividad se encuentra de su parte y observamos una Rosa Inteligente, autosuficiente, de carácter altivo e, incluso, en ocasiones cruel.

El libro Desde el amanecer, escrito en 1972, es una obra autobiográfica de sus primeros diez años, de la que es preludio su primera obra perfecta, Memorias de Leticia Valle, de 1945, donde la modernidad y la tradición se mezclan para exponer la vida familiar que se desarrolla en la localidad vallisoletana de Simancas. En el año 1960 ve la luz La Sinrazón, obra en la que la autora realiza un gran esfuerzo en su elaboración.

En 1974 se publica Barrio de maravillas, primera obra que aparece tras su vuelta del exilio y que junto a las obras Acrópolis, de 1984, y Ciencias Naturales, de 1988, conforman la trilogía titulada Escuela de Platón, con la que la escritora desea contar la historia de su generación. En ella se relata la historia de Isabel y Elena, dos niñas del Madrid de principios del XX, que a través de sus experiencias constituyen la memoria de esa época.

La autora, que hacia el final de su existencia recibió el reconocimiento y algunos premios, siempre se mantuvo fiel a sus ideales de juventud, permitiéndose incluso llamar traidores al ideal a autores como Ayala o Alberti. Sus letras dirigidas hacia una inmensa minoría la alejaron en cierto de modo del gran público y, aunque, sus libros eran publicados no eran muchos los lectores con los que contaba. Seguidora de Ortega y Gasset, se mantuvo fiel a la idea perspectivista y la búsqueda esa minoría selecta de la que hemos hablado anteriormente. Rosa Chacel ancló su obra a una vanguardia que tuvo su momento y no hizo ningún esfuerzo por evolucionar hacia otro tipo de narrativa en el que se prestara atención al tiempo en el que vive e interesa al lector y no en el pasado que el público sentía distante y lejano a lo que ocurría en sus vidas.