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Bodas de sangre de García Lorca

Publicado por A. Cerra

Esta obra de teatro no fue la primera que escribió Federico García Lorca, pero cuando se estrenó en el año 1933 representó su consagración definitiva como autor teatral, y ya no solo como gran poeta de la Generación del 27.

Antes de esta obra el teatro lorquiano se había desarrollado con obras de ambiente histórico como Mariana Pineda o en textos creados sobre todo para títeres, como es el caso de La zapatera prodigiosa. Sin embargo, la representación de Bodas de sangre iba a suponer no solo un triunfo, sino un cambio radical en su trayectoria.

Y es que a partir de Bodas de sangre, el autor concibió una trilogía de obras sobre la tierra, sobre su Andalucía natal. Una trilogía que prosiguió con Yerma y que debería haber concluido con una tercera que posiblemente se hubiera titulado La destrucción de Sodoma. Sin embargo, este proyecto, como tantos otros que tenía en mente, nunca llegaron a realizarse por el estallido de la Guerra Civil española y el fusilamiento del poeta.

Como en otros casos, también para Bodas de sangre, Lorca se inspiró en la realidad. En un hecho acaecido años antes y que había aparecido en prensa. Se contaba que una novia había huido a caballo con su antiguo amante el día antes de la boda. Así que el novio despechado salió en su búsqueda, y cuando los halló los mató a tiros. Eso fue el germen, pero durante unos cinco años fue rumiando la idea el escritor hasta finalmente escribir a su manera semejante tragedia.

Es decir, la noticia real no fue más que la génesis para que el autor granadino recreara un drama donde el tema principal es la fatalidad, el sino de los personajes abocados hacia la desgracia. Si bien, trata otros asuntos que cobran gran importancia en el desarrollo de la obra como es por ejemplo la pasión, el amor prohibido y el sexo.

Todo lo hace mezclando la ambientación rural más típica del sur de España y con elementos propios de su fantasía, de ahí las escenas oníricas y sobrenaturales. Algo que desde luego lo emparenta con la corriente surrealista de la época. Y es que no hay que olvidar que García Lorca, desde su época de estudiante había establecido un estrecho contacto con dos de los artistas surrealistas más paradigmáticos en España: el cineasta Luis Buñuel y el pintor Salvador Dalí.

En definitiva, que estamos ante la primera de las grandes obras de teatro de Federico García Lorca. Y que como es habitual en este artista, se nos muestra como un verdadero torrente literario envuelto en una aparente sencillez capaz de evocar los sentimientos más íntimos.

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