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30
Abr

La poesía en Al-Andalus

Publicado por Pablo el 30 de Abril de 2007

Poesía andalusíLa poesía fue el género que más se enriqueció de la fructífera mezcla intercultural que se produjo en Al-Andalus. Fue ello debido, en buena medida, a que recibió una protección y espacial por parte de los dirigentes árabes de los distintos reinos habidos en la Península Ibérica. De forma que, entre finales del siglo X y principios del XI, surgieron numerosos poetas arábigo españoles en las cortes andalusíes.

Entre ellos destaca al-Sarif al-Taliq, llamado también “el príncipe amnistiado”, porque estuvo encarcelado durante más de quince años de su vida. Trató este poeta temas amorosos, sobre todo, con una gran delicadeza y sensibilidad.

También, en tiempos de Almanzor, en la segunda mitad del siglo X, destacó la obra de Ibn Darrach al-Quastallí, que estaba al servicio suyom y que se dedicó a ensalzar sus victorias molitares, como los saqueos de Barcelona y Santiago de Compostela.

Más avanzado el siglo encontramos la figura de Ibn Hazm, que destacó cuando ya había caído el Califato de Córdoba. Fue el autor de la célebre obra “El collar de la paloma”, un tratado sobre el amor que resulta tener un gran valor para conocer la vida sentimental de los árabes andalusíes. Analiza la naturaleza de las relaciones amorosas, de sus obstáculos y de cómo superarlos, etcétera, haciendo gala de un gran rigor y de una profunda sutileza.

La época de los reinos de taifas fue quizá la más brillante de la poesía andalusí. Y es debido a que, aunque los reinos de taifas eran mucho menos poderosos y brillantes de lo que lo había sido el gran Califato de Córdoba, la competencia entre ellos y la necesidad de sus gobernantes de presentarse ante sus súbditos como los mejores y más excelsos, les llevó a rodearse, en sus cortes, de los más fabulosos poetas y artistas. De modo que los poetas encontraron, en esta época, los mejores mecenas que podían imaginar.

El rey de Sevilla en la segunda mitad del siglo XI, al-Mutamid, fue un gran protector de las artes. Él mismo escribió notables versos; los que corresponden a su encarcelamiento tras perder el poder son seguramente los más brillantes. Canta en ellos a la añoranza de su anterior vida, llena de lujos y privilegios. Y es que las cortes árabes, todas en general, fueron espacios especialmente concebidos para ser suntuosos, dedicados a los placeres de la vida, al gozo. En tales ambientes, el canto de los poetas no podía sino convertirse en cosa imprescindible.

Como podría suponerse, en Al-Andalus, ambientes como esos duraron hasta la llegada de los almorávides, principio de la decadencia de la poesía andalusí. Su islam radical despreciaba los refinamientos anteriores, los poetas cortesanos se quedaron sin apoyo. Floreció, en cambio, la poesía popular, entre la que destaca la moaxaja y el zéjel, poemas en estrofas de distinta rima que van seguidas de un tipo de estribillo llamado jarcha. En estas jarchas se han encontrado, precisamente, los primeros versos escritos en la lengua romance peninsular que, más adelante, sería el castellano.

30
Abr

La raíz de las palabras

Publicado por Pablo el 30 de Abril de 2007

RaízEl lenguaje verbal tiene una característica fundamental, que es su doble articulación. Esta propiedad permite descomponer cualquier mensaje verbal en dos tipos de unidades: los fonemas y los monemas. Los fonemas son las unidades mínimas de expresión. Los monemas son las unidades mínimas con significado

Gracias a la doble articulación del lenguaje, una palabra puede descomponerse en unidades muy pequeñas que portan significado, de forma que, variando aunque sólo sea una de estas unidades, varía a su vez el significado completo de la palabra. La formación de las palabras actúa, en realidad, como esos juegos tan populares entre los niños, en los cuales, con una serie de piezas, podemos formar multitud de elementos distintos. La cantidad de monemas presentas en el lenguaje es bastante grade, pero es limitada. Podríamos conocerlos todos; sin embargo, la cantidad de palabras que se pueden formar con ellas es enorme.

Pero todas las palabras tienen, sin embargo, algo en común. Hay un monema que no puede faltar, puesto que es el que le da sentido, el que porta el significado original. Ese monema es la raíz, también llamada lexema. Así, todas las palabras que comparten un mismo lexema forman lo que llamamos una familia léxica. Por ejemplo: mar, marinero, marino, ultramarino, bajamar o marejada son palabras con significados bien distintos, compuestas de diferentes monemas. Pero todas comparten la misma raíz: mar. Y lo sabemos porque es con esa palabra con la que se pueden formar significados diferentes. Mar tiene un significado, pero ino no lo tiene. Lo que ino tiene es, en vez de significado propio, la capacidad para cambiar los significados de los demás. Así, a mar añadimos ino, obtenemos marino, que significa “relativo al mar”. De la misma forma, si a can (perro), le añadimos ino, obtenemos canino, que significa “relativo a los perros”. Sin embargo, a ino, como por sí sólo no tiene significado, no podemos añadirle nada. Esa es la diferencia entre la raíz, o lexema, y sus añadidos.

El origen primigenio de estas raíces es algo casi imposible de descubrir. Sabemos que las raíces del castellano vienen del latín y del griego, y en algunos casos del árabe, pero, ¿de dónde venían las raíces del latín y del griego? Al parecer, las tomaron del extinto idioma indoeuropeo, pero ¿y éste, en cuál se fijó? Imposible saberlo. Igual que cuando vemos las raíces de un árbol adentrarse en la tierra; podemos hacernos una idea de hacia dónde se encaminan, pero no podemos saber, a ciencia cierta, donde acaban.

Lo que sí sabemos es cómo evolucionan, cómo cambian y cómo se transforman a lo largo de la historia. A las raíces se le van añadiendo piezas y estos nuevos conjuntos forman significados distintos.

27
Abr

El lenguaje literario

Publicado por Pablo el 27 de Abril de 2007

LiteraturaTodas las obras literarias son, en sí mismas, actos de comunicación sumamente estructurados. Hay un emisor (el autor), y un receptor (el lector) y, aunque existen numerosos géneros literarios con sus particularidades y características, existe un código más o menos general a todos, que es lo que conocemos como el lenguaje literario.

Aunque todos los hablantes de una comunidad lingüística utilizan la misma lengua, existen en ella diferentes registros y formas. Una de ellas es el lenguaje literario, que es diferente al lenguaje común. Es normal que, tal como hablan los personajes de una novela, o tal como se describe en ella un paisaje o una situación, no sea la manera en que un amigo le cuenta a otro, en la vida real, lo que ha visto en un viaje. Aunque la intención comunicativa sea la misma, los usos y expresiones que empleamos para llevarla a cabo varían. Pues bien, el lenguaje literario cuenta con las siguientes características:

Plurisignificación: el lenguaje literario da lugar a muchas interpretaciones de un mismo texto, hace descubrir relaciones insospechadas y puede sugerir tantos sentidos como lecturas se hagan. Muchas veces se dice que es distinto leer un mismo libro en dos épocas distintas de la vida, o que cada lector le da a cada libro un sentido distinto. Es, como vemos, una característica propia y fundamental de la literatura.

Connotación: las palabras se cargan de nuevos significados que invitan al lector a dar al texto un sentido que, generalmente, va más allá de su significado habitual, o denotativo. El texto literario sugiere cosas, que a veces están escondidas, entrelazadas, esperando a ser descubiertas por el lector avispado.

Originalidad: este lenguaje huye de expresiones gastadas y típicas. Busca crear nuevas expresiones, nuevas acepciones de palabras, incorpora cultismos y recupera giros populares. En resumen, aprovecha al máximo el sentido figurado y usa los diferentes recursos de la retórica en su máxima expresión (hipérboles, antítesis, ironías, metáforas, etcétera).

Predominio de la función poética: entre todas las funciones del lenguaje, esta es la más utilizada, lo que se refleja en lo siguiente:

Se busca que el lector experimente placer estético al leer, de forma que la expresión se desvía del uso común para que produzca extrañeza y admiración. Se atrae, de esa manera, la atracción del lector sobre el propio código.

Los términos elegidos se seleccionan y combinan teniendo en cuenta previamente algún tipo de equivalencia que se relaciona entre sí. En muchos casos esta equivalencia es fonética, buscando que el sonido asemeje la realidad que se intenta representar (ejemplo: en el silencio sólo se escuchaba un susurro de abejas que sonaba)

El lenguaje se hace recurrente: lo que ya apareció una vez, vuelve a aparecer de nuevo. Es también una forma de que el lector se fije en el propio código y lo encuentre estéticamente placentero. El máximo grado de recurrencia lo encontramos en la poesía, que se compone de una repetición de las mismas estructuras: versos, estrofas…

27
Abr

Lengua latín

Publicado por Pablo el 27 de Abril de 2007

LatinEl latín es una de las lenguas indoeuropeas habladas en el continente europeo. Pertenece al llamado grupo de lenguas itálicas, el cual estaba formado, además, por el umbro (hablado en el noroeste de Italia), y el osco (que se hablaba en el sur). Durante mucho tiempo, fue una lengua del mismo rango que las otras dos, y se hablaba en la ciudad de Roma y la región del Lacio o, lo que es lo mismo, en el centro de la Península Itálica.

La hablaban, en un comienzo, pueblos rudos de pastores y labriegos, y la propia lengua era en sus inicios primitiva y rústica, lejos de los refinamientos que alcanzaría con el tiempo. Fue el crecimiento y la expansión de Roma lo que hizo que también creciera y se expandiera la lengua de los romanos. Mucho tuvo que ver, en el refinamiento que alcanzó el latín (y toda la cultura romana, en general) el contacto entre Roma y Grecia. Las formas griegas se convirtieron en una suerte de registro culto y elegante, que acabó por calar en cada vez más estratos culturales y convirtió el latín en la lengua refinada que hoy conocemos. La misma en la que escribieron Virgilio, Horacio, Ovidio o Tito Livio.

Pero el uso del latín no era uniforme ni siquiera en la propia ciudad de Roma. Allí mismo se advertía ya la colosal divergencia que acabaría creando dos latines: el literario, culto y empleado por las gentes letradas; y el latín vulgar, llamado sermo ploebius por los propios romanos. El latín culto era el que se enseñaba en las escuelas y el que empleaban los escritores. Este no evolucionó naturalmente, sino que respondía a unos cánones fijados que difícilmente cambiaban. El latín vulgar, por el contrario, evolucionaba de forma natural como cualquier otra lengua. Fue el que aprendieron los pobladores de la Península Ibérica y de la mayoría de las provincias, dando como resultado que, en la mayor parte de Europa, muchos hablaban un latín vulgar sumamente similar. Cuando el Imperio fue cayendo en manos de los pueblos germanos, rompiéndose su unidad y creándose diferentes reinos bajo diferentes pueblos reinantes, las lenguas evolucionaron por su cuenta, pero esta dispersión tuvo siempre un mismo punto de partida: el latín vulgar. Es por ello que casi todas las lenguas europeas sean parecidas, y que en todas tengamos palabras similares. Es por que, hace ya muchos cientos de años, en todos esos lugares se habló exactamente igual.

26
Abr

La poesía árabe

Publicado por Pablo el 26 de Abril de 2007

Poesía árabeAhora que ya conocemos la literatura árabe tanto en su época preislámica como en la época posterior a Mahoma, en su vertiente de relatos cortos y cuentos, es el momento de que nos ocupemos de otro aspecto literario en el que los árabes alcanzaron cotas sublimes: la poesía.

En un principio, la lírica árabe no se vio demasiado influida por la difusión de la nueva religión. Antes bien lo contrario, hay testimonios de poetas del siglo VII que se burlaban de Mahoma y sus seguidores, como fue el caso de Kab ibn Zuhayr. En concreto, este último poeta fue tan lejos en sus críticas que el propio profeta le amenazó de muerte si no rectificaba. Al final, Zuhayr se presentó ante Mahoma con un poema en el que lo colmaba de dichas y virtudes, lo que calmó los ánimos del profeta. El poema, además, se convirtió en uno de los más difundidos de la época. Era costumbre entre los poetas de aquella época el burlarse de casi todo. Así lo hacía, por ejemplo, al-Hutaya, el Enano, que hacía mordaces versos sobre su mujer, sus hijos y sobre la propia muerte.

En esta misma época, muy cercana todavía a la vida del profeta, se formaron dos escuelas de lírica amorosa distinguidas por su peculiar forma de tratar el amor. Una era la de los udríes, de gran elegancia moral, que buscaba siempre un sentimiento puro marcado por la nostalgia de la separación de la amada. La otra escuela, en las grandes ciudades de La Meca y Medina, daba más prioridad a la sensualidad e incluso a la obscenidad.

Pero los grandes renovadores de la poesía árabe fueron otros, como Abu Nuwas, que entre finales del siglo VII y principios del IX hizo una poesía desvergonzada y cínica. También destacó su contemporáneo Abu-l-Atahiyya, que se dedicó a cantar la vanidad de las pasiones y la fragilidad de los bienes materiales. Y, por último, el otro gran renovador fue Ibn al-Mutaz, que escribió interesantes descripciones de tertulias literarias. Como curiosidad, este poeta fue califa durante un día, en el año 908. El mismo día de su nombramiento fue asesinado.

Otros tres fueron los poetas que más destacaron entre el siglo X y el XIII. Al-Mutanabbí, que llegó a ser considerado como el mejor de todos los poetas árabes por su novedosa forma de describir la vida de los beduinos a través de hermosas expresiones y metáforas, fue el más destacado y admirado. Abu-l-Alá-al-Maarí se inició leyendo al anterior, como era habitual dada su enorme fama y prestigio. Sus poemas, en cambio, se caracterizaron por una gran preocupación moral y religiosa, con un tono escéptico que dejó claro en uno de sus más famosos versos: “El mundo se compone de dos clases de hombres: religiosos sin inteligencia e inteligentes sin religión”. El último gran poeta árabe de esta época fue Ibn-al-Farid, que vivió en la primera mitad del siglo XIII. Se preocupó, sobre todo, de la vida espiritual y contemplativa, y dedicó su poesía a expresar su amor por Alá.

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