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Sujeto histórico
Pablo el 30 de Junio de 2009
El sujeto histórico no está directamente relacionado con la gramática, a la manera en que sí lo están los demás sujetos que hemos estado tratando en La Guía de Lengua, como el sujeto expreso, el tácito, el simple, el compuesto o el morfológico.
En realidad, el sujeto histórico es un concepto o una idea surgida del estudio de la historia, pero que, como todos los demás sujetos, está directamente relacionado con la persona que realiza una acción. Sólo que, en este caso, en lugar de ser una persona gramatical, estamos hablando de una persona o de un agente histórico. La idea es que, a grandes rasgos, existen “sujetos” que pueden ser personas individuales, conjuntos de personas, instituciones o incluso entidades sobrenaturales, que “hacen” la historia, es decir, que impulsan los cambios y las actuaciones que mueven al conjunto de la humanidad a lo largo de la misma, de una etapa a otra.
En tal caso, hemos de comprender que si bien la parte “histórica” de este concepto es nueva para nosotros, no ocurre lo mismo con la parte “personal”. El sujeto del “sujeto histórico” también proviene del vocablo latino subiectus y también tiene que ver con la persona que realiza algún tipo de acción. También es hermano de las palabras subjetividad y subjetivo.
Como no podía ser menos tratándose de un concepto de tanta enjundia, existen diferentes aproximaciones al sujeto histórico. Una de las más antiguas es la visión providencialista, para quien el sujeto histórico es Dios, quien diseña y ejecuta las acciones de una historia que se entiende como el camino para la salvación del hombre. No es sin embargo Dios el único sujeto providencialista. También las visiones nacionalistas y las relacionadas con la supremacía racial identifican a la nación o a la raza como sujetos y hacedores de la historia.
La visión individualista, por su parte, identifica a hombres extraordinarios, en algunos casos caracterizados como héroes, como los verdaderos sujetos de la historia. Según esta visión, son las grandes hazañas de estas personas las que mueven al resto y hacen avanzar la historia.
En los mismos términos se expresa la visión institucionalista, para la que los sujetos de la historia son las grandes instituciones creadas por los hombres, tales como la Iglesia Católica o los grandes Imperios y Estados (como el Romano, la Monarquía Absoluta, o los modernos Estados Nación).
Otra visión más moderna es la promulgada por la microhistoria, que tiende a buscar en sujetos aparentemente intrascendentes o anónimos a los verdaderos sujetos de la historia, transmisores de conocimientos y de la herencia cultural que permite a las sociedades dar de cuando en cuando grandes saltos evolutivos.

La mayoría de las oraciones cuentan con un sujeto y un predicado. En el predicado se nos describe una acción, se nos dice “lo que ocurre”. En el sujeto nos informamos de la persona, del animal o de la entidad que protagoniza esa acción que es describe en el predicado. Digámoslo de la forma más sencilla: el sujeto es el encargado de decirnos “quién” realiza la acción, “quién la causa” o bien “quién la padece”, si la oración fuese dicha en voz pasiva. Mejor explicarlo con un ejemplo. Si tomamos de la oración “Mi padre y yo jugamos al ajedrez todos los fines de semana”, entonces, para averiguar el sujeto, tendríamos que preguntarnos “¿quién juega al ajedrez todos los fines de semana?”. La respuesta, naturalmente, no podría ser otra que “mi padre y yo”, y ese es el sujeto.
En el sujeto de cualquier oración encontramos a la persona, el animal o la entidad que protagoniza la acción descrita en el predicado. Por emplear una definición sencilla, el sujeto es el encargado de decirnos “quién” realiza la acción, “quién la causa” “quién la padece”, dependiendo del tipo de sujeto al que nos estemos enfrentando. Vamos a tomar un ejemplo para explicarlo mejor. Si partimos de la oración “Los japoneses son gente hacendosa y trabajadora”, entonces, para averiguar el sujeto, tendríamos que preguntarnos “¿quiénes son gente hacendosa y trabajadora?”. La respuesta lógica sería “los japoneses”, evidentemente. Y eso mismo es el sujeto.
Generalmente, toda oración está compuesta por dos partes: un sujeto y un predicado. En el sujeto encontramos la persona, entidad u objeto que protagoniza la acción. En el predicado, encontramos la acción en sí misma. Así, en el sujeto es donde encontramos al hacedor de la acción definido y/o identificado, aunque este protagonista puede perfectamente ser una persona, un animal o una cosa. El sujeto, por decirlo con otras palabras, es el encargado de informarnos sobre “quién” realiza la acción, o bien “quién la causa” o bien “quién la padece”, dependiendo de su tipología. De esta manera, y si tomásemos como ejemplo una oración como esta: “El actor decidió rechazar la oferta”, podríamos averiguar cuál es el sujeto haciendo la siguiente pregunta: “¿quién decidió rechazar la oferta?”. Y en este caso, tanto el sujeto como nuestra respuesta sería “el actor”.
Dentro de cualquier oración, el sujeto es el contenedor de la persona gramatical. En el sujeto es donde encontramos al protagonista de la misma definido y/o identificado, ya sea este protagonista una persona, un animal o una cosa. El sujeto, de tal manera, es el encargado de informarnos acerca de “quién” realiza la acción, “quién la causa” o “quién la padece”, pero siempre “quién”. Así pues, si tomamos como ejemplo una oración que dijese “Los turistas acuden a las playas en verano”, entonces el sujeto sería el encargado de responder a la siguiente pregunta: “¿quién acude a las playas en verano?”. Y en este caso, el sujeto -y la respuesta a esa pregunta- sería “los turistas”.












