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14
Sep

Literatura aborigen

Publicado por Pablo el 14 de Septiembre de 2009

literatura-aborigen.jpgAunque hoy en día “aborigen” es un término poco utilizado, y se aplica casi exclusivamente cuando se habla de los aborígenes de Australia y otras zonas de Oceanía, en realidad se denomina “aborigen” a aquello que es históricamente originario del área en la que vive. El aborigen de una zona determinada es quien la ocupaba antes de que llegaran sus actuales moradores, al menos hasta que se tiene constancia históricamente.

La literatura aborigen sería, por lógica consecuencia, el conjunto de obras literarias creadas por los pueblos aborígenes de una zona determinada. Pero, por norma general, cuando hablamos de literatura aborigen solemos referirnos a las literaturas creadas por los pueblos que habitaban el continente americano antes de la llegada de los europeos. Hablamos, por lo tanto, de las literaturas de mayas, incas, aztecas y las demás culturas precolombinas.

En ese sentido es pertinente hablar de la literatura quechua (escrita en la lengua que era hablada por los incas) que, además, está escrita en una lengua que no sólo no ha muerto sino que siguen siendo hablada, hoy en día, por miles de latinoamericanos.

Las obras literarias escritas en quechua empezaron siendo colectivas y anónimas, y en un principio se dividían entre las obras populares, que expresaban temas relacionados con el sentimiento y la cotidianidad del pueblo llano) y las obras cortesanas, que los llamados amautas transmitían entre las clases altas y que constituía la “cultura oficial”. Una división, por otra parte, muy similar a la que experimentaron las literaturas europeas.

Con el tiempo, sin embargo, ese carácter anónimo y colectivo de la literatura quechua fue perdiéndose. El surgimiento de la importancia de la autoría y la individualidad dieron paso a la llamada literatura quechua contemporánea, que sigue viva en muchos lugares.

Sin embargo, la literatura quechua, con el ser el ejemplo más conocido de literaturas indígenas, no es la única ni mucho menos. La literatura náhuatl, la literatura azteca y la literatura maya no le van a la zaga en importancia. De esta última, en concreto, surgieron algunas obras bien conocidas como el “Libro de Chilam Balam” o el “Popol Vuh”.

La lengua mapudungun, por otra parte, sigue alimentando hoy en día su propia literatura, la poesía mapuche, que se perpetúa gracias a la aportación de autores como “Elicura Chihuailaf”, “Leonel Lienlaf” o “Lorenzo Aillapán Cayuleo”.

Es importante pues recalcar que lo aborigen no debe, necesariamente, hacer referencia a pueblos y culturas ya desaparecidas. Los aborígenes son los pueblos que ocupaban América antes de la conquista europea. Muchas culturas se perdieron entonces, pero otras no, y éstas siguen hoy en día produciendo su propia literatura.

7
Sep

Sufijos griegos

Publicado por Pablo el 7 de Septiembre de 2009

sufijos-griegos.jpgComo ya sabemos los lectores de La guía de lengua, las palabras se componen de diversas “piezas” que llamamos morfemas. Uno de ellos, el lexema, es siempre más importante que los demás, ya que es la raíz que aporta el significado principal a cada palabra.

Más adelante, y siempre a partir de esa raíz, las palabras van cambiando a base de añadidos y modificaciones. Uno de los procedimientos más habituales dentro de ese proceso es el que añade un morfema al final de la palabra, es decir, un sufijo.

Los sufijos se adhieren así al final de una palabra ya formada y le aportan nuevos matices significativos. Muchos de esos sufijos son de origen griego y latino, aunque en este artículo vamos a estudiar únicamente los primeros, los sufijos griegos que hemos heredado en el idioma español, o bien las palabras griegas que hemos terminado usando como sufijos. Veamos una lista con los más usados:

Agónico significa lucha o combate. Cuando lo usamos como en “antagónico” se convierte en un sufijo que expresa oposición.

Algía significa dolor. De ahí surge lumbalgia y otros dolores, como también nostalgia (la pena de perder cosas o personas).

Arca y arquía expresaban poder en griego. Patriarca y matriarca hacen uso de él para expresar el poder del padre o de la madre.

Céfalo significa cabeza, y de ahí vienen acéfalo (sin cabeza) y bicéfalo (con dos de ellas).

Cracia era la palabra que los griegos utilizaban para designar poder. Nosotros la usamos mucho como sufijo, y si no fijémonos en autocracia, democracia, aristocracia, plutocracia y tantas otras.

Fobia/fobo significaba miedo y enemistad. Nosotros la utilizamos en claustrofobia y en aracnofobia, pero también en homofobia.

Fono era sonido, y de ahí nuestra sinfonía.

Metro se utilizaba para expresar medidas. De ahí nuestros centímetros y kilómetros.

El nauta era el navegante. Nuestros cosmonautas y astronautas vienen de ahí.

Nimia significaba nombre. Por eso decimos sinonimia (mismo nombre), o antonimia (distintos nombres).

Pedia venía a significar educación y enseñanza. La enciclopedia es el conjunto de conocimientos humanos.

Polis era cuidad. Metrópolis y megalópolis hacen buen uso de este nombre.

Sofía, que era sabiduría, se utiliza en filosofía junto con otra palabra griega que hace de prefijo: filo (amigo de).

Teo hacía referencia a Dios, y lo usamos como prefijo en teología, pero también como sufijo en ateo (que no cree en Dios).

Termo también es una palabra griega que significaba calor. Ahora lo utilizamos en termómetro como prefijo, pero también geotérmico como sufijo.

12
Ago

Prefijos griegos

Publicado por Pablo el 12 de Agosto de 2009

prefijos-griegos.jpgLos prefijos, como ya sabemos, son una clase de morfema derivativo que se antepone a la raíz o al lexema de una palabra y forma otra nueva, con un significado diferente.

Los prefijos provienen de muchos orígenes distintos, pero uno de esos orígenes, uno de los más prolíficos, es precisamente la lengua griega. De ella el español, a través del latín y al igual que otras muchas lenguas latinas, ha obtenido una importante cantidad de prefijos y ha adaptado a la función de prefijos otras palabras griegas que en su origen no lo eran.

Veamos primero los que fueron prefijos ya en la lengua griega y han seguido siéndolo -si bien adaptados en muchas ocasiones- en la lengua española:

a-, an-
Privación, privado de
Amoral: sin moral
Anormal: privado de normalidad

ana-
contra, sobre o separación
Analgesia: falta de dolor

anti-
contra
Anticuerpo: sustancia que lucha contra cualquier elemento ajeno al organismo
Antisistema: que se opone al modelo o sistema vigente

apo-
de lejos, fuera
Apósito: remedio que se aplica con paños.

archi-
El mas, el mejor, el primero
Archiconocido: el más conocido

auto-
(Por) uno mismo
Automóvil: vehículo o máquina que se propulsa a sí misma
Autosuficiente: persona que vive por su propia cuenta

cata-
hacia abajo
Catarata: caída grande de agua

di(a)-
a través de,
Diagonal: línea recta que va de un vértice a otro.
Diacronía: estudio a través del tiempo, comparando dos puntos

dis-
con dificultad
Disconforme: lejos de estar conforme

ecto-
fuera de
Ectoplasma: exterior del citoplasma

emi-
medio
Emisario/emisor/emisora: mensajero o transmisor.

en-
dentro
enamorado: que ama

end(o)
en el interior
Endógeno: propio de la propia región o zona.

epi-
sobre
Epiglotis: cartílago que oculta la glotis

eu-
bien
Eufonía: sonoridad de la palabra cuando es agradable

exo-
fuera de
Exobiología: ciencia que busca formas de vida extra-terrestres.

hemi-
medio
Hemisferio: media esfera

hiper-
exceso, superioridad
Hiperactividad: actividad excesiva

hipo
debajo, inferioridad
Hipocentro: punto subterráneo donde se origina un terremoto

met(a)-
más allá, cambio
Metafísica: en filosofía, la teoría general y abstracta. Más allá de la física.

pali(n)-
de nuevo
palíndromo: algo que se lee igual de izquierda a derecha y viceversa

para-
junto a, o contra
Paramilitar: de tipo militar, pero fuera del ejército

peri-
alrededor
Periurbano: que rodea a la ciudad

pro-
delante
Progreso: adelanto

Sim(n)
con
Simétrico: o “con simetría”

Como decíamos, aparte de esos prefijos, en español hemos adoptado otras muchas palabras que en su origen griego no lo eran pero que ahora han pasado a actuar como tales. Por ejemplo aero, que en griego significaba aire, lo utilizamos para aeronave, aeropuerto o aeroespacial. Lo mismo que homo, que significaba mismo y nos sirve para decir homólogo, homosexual y homónimo.

En el mundo de las ciencias, palabras griegas se han unido a terminaciones como “sofía”, “nomía” o “logía” para formar el nombre de casi todas las disciplinas. De biblio (libro) surgieron bibliología, biblioteconomía (y también biblioteca), de arqueo (viejo) nació arqueología, y de geo (tierra) la geografía y la geología.

7
Ago

Complemento preposicional

Publicado por Pablo el 7 de Agosto de 2009

complemento-preposicional.jpgEl sintagma preposicional es uno de los más fáciles de reconocer en el análisis sintáctico, pues se trata siempre y en todos los casos de un sintagma de cualquier otro tipo al que se añade una preposición en posición inicial del sintagma.

El complemento preposicional, entonces, es la función sintáctica por la cual se añade al núcleo de un sintagma un incremento gramatical. Más específicamente, cuando ese incremento es un sintagma preposicional, esto es, un sintagma nominal con una preposición al frente.

Este “incremento” es un incremento de la información, que antes se consideraba demasiado vana o imprecisa. En cualquier caso, rara vez veremos la etiqueta “Complemento Preposicional” (CP) en el análisis morfosintáctico. En su lugar, y dependiendo de a qué complementa exactamente, el complemento preposicional adoptará diversos nombres.

Cuando el complemento preposicional lo es de un sustantivo o de un pronombre se le conoce como complemento del nombre. Por ejemplo:

Arroz a la cubana
Whisky de malta
Libro de ficción

Cuando el complemento preposicional lo es de una interjección suele integrarse en ésta o reseñarse como algún tipo de elemento compuesto. Por ejemplo:

¡Ay de tí!
¡Por el amor de Dios!

Cuando el complemento preposicional lo es de un adjetivo se le conoce o bien como complemento del adjetivo o incluso como complemento del nombre, según la costumbre de anotación morfosintáctica. Por ejemplo:

Corto de entendederas
Largo de quijada
Rubia de bote

Cuando el complemento preposicional lo es de un adverbio, se le conoce como complemento del adverbio o como complemento del nombre o como complemento (a secas) dependiendo igualmente de la costumbre que se adopte. Por ejemplo:

Cerca del puente
Lejos del pantano

Cuando el complemento preposicional lo es de un verbo puede adoptar diversas formas, siendo complemento agente en las oraciones pasivas o suplemento, complemento directo, complemento indirecto, complemento circunstancial o complemento de régimen en las oraciones activas. Por ejemplo:

Golpeó a su contrincante
Acabó con las reservas
Se cayó por las escaleras
Llegó a las ocho

Un error muy frecuente es confundir el complemento preposicional, al que acabamos de hacer referencia y de ser testigos de su diversidad, con el complemento de régimen, que es sólo una de las funciones que éste puede adoptar.

El complemento de régimen, en efecto, siempre empieza con alguna preposición ya que complementa a verbos de régimen, que por su propia naturaleza exigen un complemento de este tipo. Pero el hecho de que el complemento de régimen sea siempre un complemento preposicional no significa que el complemento preposicional sea siempre complemento de régimen.

7
Ago

Estereotipos sociales

Publicado por Pablo el 7 de Agosto de 2009

estereotipos-sociales.jpgUn estereotipo es una idea sobre algo que aceptamos de forma pasiva, o lo que es lo mismo, que adoptamos sin someterla al juicio de la experiencia o del conocimiento directo. Los estereotipos son generalmente “comunes” y ésa es la razón principal de su existencia: cuando un grupo o una sociedad da por válida una idea, cada uno de sus miembros no la somete a su propia razón o a su propia experiencia, sino que da por válido el juicio compartido de su comunidad. No obstante este juicio es erróneo en muchas ocasiones, no sólo por errores achacables al error inocente, sino al interés político, económico y/o cultural de quienes lo extienden desde una posición de poder.

Los estereotipos funcionan pues a la manera de los prejuicios. Y los estereotipos sociales, que son los que queremos estudiar aquí, afectan de forma directa a grupos sociales concretos, que pasan a ser “percibidos” por el resto de la comunidad -o por los demás- de una manera “prejuiciosa” o, precisamente, “estereotipada”.

Este forma colectiva de asunción de ideas se alimenta a sí misma, transmitiéndose de generación en generación y vinculándose continuamente a erróneas generalizaciones basadas en prejuicios culturales (étnicos, religiosos, sociales o nacionales). La forma en que todo el mundo suele tener una idea asociada a determinados grupos étnicos (los gitanos, los árabes…), religiosos (los judíos, los musulmanes…), sociales (los jóvenes, las mujeres…) o nacionales (los chinos, los norteamericanos…) es un ejemplo perfecto de cómo nacen, se activan y se expanden los estereotipos.

Los estereotipos sociales tienen, entonces, a crear generalizaciones sobre determinados colectivos internos a una sociedad. Así se suele asociar a los jóvenes con las conductas irrespetuosas, a los rockeros con la droga y el alcohol, a los pobres o marginados con el crimen, y a los ricos con la avaricia y el egoísmo. Los colectivos profesionales tampoco se libran de los estereotipos, y aún se pueden oír expresiones como “tienes cosas de bombero”, o epítetos nada amistosos como el que califica al abogado de “chupatintas” o al médico de “matasanos”.

En lo referente al lenguaje tampoco estamos libres de pensamientos estereotipados. Muchas veces se piensa que determinados colectivos lingüísticos, por hacer uso de algún tipo de variedad dialectal, hablan su idioma de una forma peor que el resto de los hablantes (ocurre, por ejemplo, en España con el andaluz o el extremeño). Otras veces se descalifican las jergas juveniles calificando a los jóvenes de ignorantes de su lengua, cuando tienen más que ver con la rebeldía y el deseo de innovación; o las jergas profesionales de académicos, abogados y médicos como ejemplo de pedantería, cuando la extrema precisión es un requisito necesario en sus comunicaciones.

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