26
Jul

La oración

Publicado por Pablo el 26 de Julio de 2007 a las 04:04 am

OraciónComo hemos visto en artículos anteriores, cuando hemos estudiado las funciones y tipologías de los enunciados, muchos de éstos pueden ser oraciones. Cuando decimos “El lince ibérico es un felino en peligro de extinción”, por ejemplo, no estamos sino elaborando un enunciado de tipo oracional. Dicho de otra manera: una oración.

La oración, que es de lo que pasamos a ocuparnos ahora, es una unidad de análisis gramatical formada por un grupo de palabras (también llamado sintagma) de tipo nominal con función de sujeto y otro grupo de palabras (esto es, otro sintagma) de tipo verbal con función de predicado. Si bien el primer grupo de palabras –sintagma nominal- no es absolutamente imprescindible para que se forme una oración, sí lo es el segundo –sintagma verbal-. Así, podemos decir que, para que una oración se forme, es necesaria la presencia de un verbo en forma personal. Si éste no existe, no hay oración.

Los enunciados que veíamos en nuestros ejemplos eran de todo tipo: en algunos había presencia verbal, en otros, no. Aquellos en los que ocurre esto último no son, pues, oraciones: son frases. Observemos algunos ejemplos de enunciados del primer tipo, es decir, de oraciones:

El lince ibérico es un felino en peligro de extinción
La semana pasada, en Inglaterra, hubo una gran tormenta en el mar
En España, habitualmente, nieva poco

Y veamos ahora algunos otros del segundo tipo, esto es, de los que simplemente son frases:

¡Fuego!
¡A la cama ahora mismo!
¡Qué día tan bonito!

Como podemos ver, el verbo en forma personal es el núcleo del predicado, y puede ir acompañado –es más, normalmente así ocurre- de una serie de complementos que completan su significado, lo actualizan, o lo matizan. Veamos algunos ejemplos de esto.

Si partimos de un grupo de palabras de tipo nominal –esto es, de un sintagma nominal- con función de sujeto, como este:

La profesora de matemáticas…

Lo que sigue a continuación podía ser algo tan simple como:

… escribe

Pero eso no nos daría mucha información de lo que, en realidad, la profesora de matemáticas hace. De forma que sería bastante posible encontrar esa oración de una forma más larga, dando más información, y haciendo uso de complementos verbales. Como estos:

La profesora de matemáticas … escribe … el enunciado
La profesora de matemáticas … escribe … el enunciado del problema
La profesora de matemáticas … escribe … el enunciado del problema en la pizarra
La profesora de matemáticas … escribe … el enunciado del problema en la pizarra con mucha calma

En una oración pueden aparecer, además de sujeto y predicado, otros elementos que complementan ambos núcleos. A estos elementos los llamamos modificadores oracionales, y pueden ser adverbios, locuciones adverbiales, y grupos de preposiciones.

En el ejemplo anterior es fácil ver cómo, haciendo uso de estos modificadores –en este caso, complementos verbales- vamos añadiendo información. Primero, sobre qué está escribiendo la profesora (el enunciado, en principio; pero ¿el enunciado de qué? Del problema, decimos después), esto es, añadiendo un complemento directo. Más adelante informamos sobre dónde está escribiendo la profesora (en la pizarra, complemento circunstancial de lugar). Y por último, decimos cómo está escribiendo (con mucha calma, complemento circunstancial de modo).

Así, partiendo de dos núcleos –el del sujeto y el del predicado- vamos añadiendo modificadores que componen oraciones cada vez más complejas.

26
Jul

Horacio

Publicado por Pablo el 26 de Julio de 2007 a las 03:40 am

HoracioSi ya Catulo había abierto en Roma las puertas de la poesía, Horacio vino a representar, junto con Virgilio, su etapa de plena madurez. Horacio consiguió que la poesía adquiriera una nueva categoría dentro de la sociedad romana, y que gozara de un prestigio sin precedentes. Tras la muerte de Virgilio en 19 a.C., Horacio se convirtió en su máximo representante.

No buscaba el éxito ni la inmediatez, tal como había hecho Catulo. Ni su poesía era demasiado popular, dado su elevado nivel, su dificultad para ser verdaderamente paladeada por las masas. Era hijo de un esclavo emancipado, y tuvo la gran suerte de que Virgilio le presentara a un protector que le dio todos sus lujos para que pudiera ejecutar, sin limitaciones ni interrupciones, su prometedora tarea literaria.

Este hombre, de nombre Mecenas, era un noble romano que fomentó las artes y se rodeó de un nutrido círculo de literatos. Desde entonces, su nombre –“mecenas”- se aplica a todos aquellos que, financiando o patrocinando artistas, protegen e impulsan el desarrollo de las artes.

Horacio creó, con la protección de Mecenas, una obra literaria muy difícil de igualar. En ella destacan sus Sátiras, Epodos, Odas y Epístolas. Las Sátiras constan de diversas conversaciones, en las que se ataca e ironiza sobre los vicios humanos. Eso sí, sus burlas a las debilidades de los hombres eran bastante comedidas; Horacio se cuidó siempre de no caer, con demasiada gravedad, en el ataque personal. Cuando lo hacía, era hacia personas muertas y de poco renombre.

En cuanto a sus Epístolas, constituyen una obra de incalculable valor, puesto que nos permiten reconstruir la vida y las ideas de su propio autor, en especial acerca de la literatura. Horacio también se interesó por otra forma literaria: los epodos, unos poemas cortos, la mayoría de ellos de contenido político, pero en los que también introdujo un tema nuevo, el enamoramiento del poeta.

Finalmente, sus Odas representan la culminación de su obra lírica y una ruptura bastante radical con todo lo anterior. En ellas encontró su propia personalidad creadora, abandonando definitivamente la tosquedad y la vulgaridad que podía vislumbrarse en algunos de sus poemas iniciales. El poeta satírico de los comienzos se fue endulzando, y priorizó la reflexión moral y el sentimiento. En ese proceso, se acercó a otros poetas que incluso entonces eran ya remotos para los romanos: Safo y Alceo. De hecho, la intención de Horario no era otra que actualizar y “romanizar” aquella poesía. Por el camino, se convirtió en uno de los poetas más refinados y elegantes, más sutiles y preciosistas, de toda la literatura de la Antigüedad.

25
Jul

El romanticismo italiano

Publicado por Pablo el 25 de Julio de 2007 a las 11:13 am

ManzoniEl primer precursor del romanticismo italiano fue Ugo Fescolo. A pesar de mantener en buena medida las formas clásicas, sus versos dieron un nuevo impulso a la poesía de principios del siglo XIX, en especial, gracias a la presencia de la muerte, las sombras y la agitación de los sentimientos. Como muestra de su influencia, basta decir que el propio Garibaldi tenía en su lecho de muerte un poema suyo, De los sepulcros.

Sin embargo, el auténtico programa estético del romanticismo italiano corrió a cargo de Alessandro Manzoni (en la imagen), representante de la tendencia más conservadora del movimiento. Sus poemas son una síntesis de cristianismo y del nuevo espíritu de su tiempo. Así lo muestran sus Himnos sacros, por ejemplo.

Pero a pesar de la importancia de su poesía, Manzoni es recordado mejor por una novela suya, Los novios, publicada, en su versión definitiva, en 1842. Esta obra se convirtió en el primer libro nacional exaltado por el Risorgimento, y en un libro de referencia para la literatura italiana moderna. Ambientada en la Lombardía del siglo XVII, dominada por los españoles, la novela se caracteriza por su enorme rigor histórico, aunque el tema principal sea una historia de amor entre los dos protagonistas.

Giacomo Leopardi fue, por otra parte, el poeta italiano más importante de la primera mitad del siglo XIX. Precedente de una familia de la nobleza rural, y dueño de una vasta cultura filosófica, a los 20 años sufrió una profunda crisis moral al perder gran parte de la visión. Se convirtió entonces en el poeta de la desesperación, del dolor y de la pasión, sentimientos que albergó Leopardi en su más tierna infancia.

Su intensa formación humanística tuvo lugar en una pequeña localidad provinciana alejada de los grandes centros culturales. Nunca compartió las teorías literarias de Manzoni ni de los demás románticos italianos, y este aislamiento facilitó que su poesía fuera aún más original que la de aquellos.

Leopardi es, de hecho, el poeta romántico por antonomasia, y esto a pesar de que él no se consideraba como tal e, incluso, atacara a los románticos acusándolos de crear monstruos. Su obra poética es relativamente reducida, y se concentra en su mayor parte en los Cantos.

En los años veinte –del siglo XIX- logró salir de su refugio familiar y pasó a vivir en diversas ciudades italianas, manteniendo cierto contacto con Manzoni y algunos otros. En cualquier caso, nunca llegó a formar parte de círculo literario alguno. Sus poemas de esa época reflejan su nostalgia por el pasado, su recuerdo de la juventud. En ellos, muestra el fracaso del hombre, marcado por la desgracia.

24
Jul

Walter Scott

Publicado por Pablo el 24 de Julio de 2007 a las 12:02 pm

Walter ScottHijo de un abogado de Edimburgo, Walter Scott estudió en la universidad de esa misma ciudad, en la que después ejerció como abogado durante casi quince años. Una parálisis infantil le dejó cojo y le obligó a hacer una larga rehabilitación, durante la cual se nutrió de las historias de tradición oral que le iban contando sus parientes.

En estos años de formación, se inició en el mundo literario traduciendo dramas románticos alemanes. Se enamoró en esta época, apasionadamente, de una muchacha que prefirió casarse con un próspero banquero. Y esta traumática experiencia le marcó durante toda su vida, y quedó reflejada en algunas de sus muchas novelas. Scott, tratando desesperadamente de olvidar a su amada, contrajo matrimonio con otra mujer menos de un año después de su ruptura, y ello le ayudó a recuperarse.

En los últimos años de su vida, se vio obligado a trabajar a un ritmo frenético para hacer frente a las numerosas demandas de sus acreedores, que no le perdonaron nunca ni un céntimo de las muchas deudas que había ido contrayendo. Y es que Walter Scott, si por algo se caracterizó –además, huelga decirlo, de por su genialidad como escritor- fue por llevar una vida que siempre estuvo muy por encima de sus –a veces limitadas- posibilidades. Fue un romántico en todos sus sentidos.

Sin perjuicio de hacer iniciado su carrera literaria en el ámbito de la poesía, Scott no tardó en darse cuenta de que su verdadero talento se manifestaba en su faceta de novelista. Sus primeras novelas, que pasaron a conocerse como “novelas de Waverley”, las escribió de forma anónima a comienzos de siglo, y esperó para reconocer su autoría hasta el año 1827. En cualquier caso, las novelas que iban a otorgarle más éxito fueron las que situaron la acción en el contexto de la Edad Media, y sobre todas ellas, destaca Ivanhoe.

Este personaje medieval vive un idilio con lady Rowena, descendiente del rey Alfredo. Sin embargo, para ella ya hay planes de boda, planes que, como es lógico, responden a intereses políticos. Las circunstancias llevan a Ivanhoe a tomar parte en la cruzada de la mano del rey Ricardo Corazón de León, cuya ausencia es aprovechada por su hermano Juan para apoderarse del trono. Después de muchas peripecias, Ivanhoe y Rowena ven cumplidos sus deseos y se casan.

La novela tuvo un éxito colosal, y puso de moda en la época las novelas históricas. Scott también trató temas históricos escoceses, mucho más cercanos en el tiempo, en novelas como Antigua moralidad o El corazón de los Midlothians.

24
Jul

Nikolai Trubetzkoy

Publicado por Pablo el 24 de Julio de 2007 a las 10:31 am

Trubetzkoy La última gran etapa de la lingüística corresponde al nacimiento de la fonología, entre 1926 y 1928. Este impulso es obra, esencialmente, de Nikolai Trubetzkoy (1890-1938). Este autor desarrollo el análisis de la cadena hablada en sus últimas unidades verdaderas en el plano fónico. Así, el concepto fonema surge, definido como la señal lingüística invariable que permite identificar como una misma unidad las íes acústicamente tan diferentes de un niño, de un hombre y de una mujer, de un joven y de un viejo, de un bajo y de un soprano.

Trubetzkoy demuestra de esta manera cómo funcionan estas unidades en tanto que señales: por ser distintivas, es decir, por oponerse entre sí para distinguir significantes. El sonido R en francés puede realizarse mediante una vibración, ora de la punta de la lengua, ora de la campanilla, o mediante una fricción del aire contra el velo del paladar. Y sin embargo, no hay aquí tres fonemas franceses diferentes, porque pronunciado de estas tres maneras diferentes, el fonema no remite a tres significados distintos, sino al mismo.

Trubetzkoy procede expresamente de Saussure, el padre de la lingüística moderna. Pero sin duda le debe mucho también a sus propias preocupaciones primeras, como etnólogo en el Cáucaso, pues esa dedicación le hizo familiarizarse con problemas de lingüística descriptiva y no histórica. Por otra parte, en esta misma época, y en un marco en el que también pesa bastante la experiencia etnográfica, Sapir (1922), y luego Bloomfield (1933), habían de llegar en América a la misma noción de fonema.

A partir de 1945, como acabamos de ver, las ciencias sociales –la etnología, sin duda, como la sociología, la psicología, e incluso la filosofía- descubren esta lingüística funcional y estructural. De ella se toman, quizá con cierta precipitación, intuiciones y principios o analogías. Ello se debe a que las generaciones inmediatamente posteriores de universitarios han adquirido casi siempre la lingüística de golpe, a través de una información tardía y forzosamente somera. Ha sido preciso añadir, a la formación acabado de un espíritu, una información lingüística suplementaria. Las generaciones siguientes, y futuras, tienen la suerte de poder integrar la lingüística en su formación básica, y poder iniciarse así, normalmente, en el estudio de esta ciencia. Así evitarán, de forma segura, sacar de ella contrasentidos y metáforas, como la propia lingüística ha hecho durante demasiado tiempo con relación a la biología, por señalar un ejemplo no demasiado conocido. Contra ello lucharon eminentes pensadores como Trubetzkoy, desde luego.

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